16 de julio 2008 - 00:00

"Diario argentino"

Lupe García Pérez, directora del film, y su madre en una escena de «Diario Argentino», ensayo de documental con algunos apuntes que daban para comedia y sólo unpar de buenos diálogos.
Lupe García Pérez, directora del film, y su madre en una escena de «Diario Argentino », ensayo de documental con algunos apuntes que daban para comedia y sólo un par de buenos diálogos.
«Diario argentino» (Argentina-España, habl. en español y catalán). Guión y dir.: Lupe Pérez García. Documental.

Lupe Pérez García (doble apellido que suena casi como un símbolo de la Argentina de los 50), cuenta haber cumplido sus tres años el 20 de junio de 1973, en el monobloc del Hogar Obrero sobre autopista Ricchieri, el mismo día en que, por ahí mismo, se esperaba el paso del general Perón llegando de Ezeiza. Ya se sabe lo que pasó, pero a ella le quedó otra imagen, tomada de quién sabe qué viejo noticiero, la del general todavía joven, en su glorioso caballito pinto. Pero no llegando, sino yéndose. También ella estaría yéndose, casi veinte años más tarde, con dos hijos, un marido, y un trabajo en Barcelona. Y con un problema irresuelto: siempre se le confunden la mano izquierda con la derecha.

¿Acaso esta particular dislexia es por haber nacido en el seno de una familia peronista? El chiste da origen a la película que ahora vemos, suerte de ensayo semidocumental en primera persona, donde la directora vuelve por unos días a casa de su madre, que ahora está viviendo en Mar del Plata. Se registran entonces varias conversaciones de tono político, abundantes en lugares comunes, a veces matizadas con imágenes caseras o de noticieros de 1982, 1983, 1995, 2000 (la renuncia de Chacho Alvarez), y, por supuesto, 2001, amén de paseos por la costa en invierno, una fugaz recorrida por el Museo Juan Manuel Fangio, de Balcarce, un metafórico cursillo de buceo, y otros momentos que, la verdad, muy bien podrían servir como apuntes para una linda comedia.

A señalar, de este diario en borrador, un buen recurso visual que sugiere la cadencia del tren a Mar del Plata y acaso también la memoria discontínua de la grandulona que mira por la ventanilla. Y dos diálogos. Uno, frente a la peletería donde madre e hija discuten sobre la piedad que provocan los animalitos «tiernos o vivarachos» como los conejos, y la eutanasia aceptada de animales «tontos como la vaca». Y otro, en el cementerio donde la chica busca el nicho de su padre, y el cuidador, en vez de preguntarle primero el nombre y apellido del difunto, le inquiere «¿Muerte natural o violenta?».

P.S.

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