27 de marzo 2003 - 00:00
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Escena del film
Moore pertenece a la antigua estirpe de los sofistas, aquellos elegantes razonadores que obtenían una reacción inmediata de su auditorio a través de la persuasión y la seducción. Esto no significa que las ideas que se propone transmitir no sean, en muchos casos, ciertas: únicamente que para lograrlo no tiene pruritos en retocar algunos datos, o inducir a través de interpretaciones, y no de hechos, para allanar el camino de su exposición. Moore es un gran productor de efectos, tan conocedor de la psicología del público como Hitchcock.
«Bowling For Columbine» es el mejor ejemplo de la fórmula Moore: una película deslumbrante, tan divertida como grave, acerca de lo que Moore considera la enfermiza afición del pueblo norteamericano por las armas y su inexplicable sensación de vivir en amenaza, que suele traducirse en asesinatos inmotivados. Lo guía una única pregunta: ¿cuál es la razón de esta peligrosa pasión nacional? Ese es el interrogante que le transmite, sin obtener respuesta, a la mayor parte de sus entrevistados, aunque sí logra una variada galería de momentos macabros, graciosos o patéticos.
Sin embargo, donde la película se pone más grave (el abrupto cambio de clima es otra de sus destrezas) es en la investigación que le da el título al film: Columbine es la escuela secundaria donde dos alumnos mataron a otros doce y a una profesora. Moore reconstruye el episodio de manera escalofriante y con material real; sus entrevistas son emotivas, fuertes. Obtiene una pequeña victoria (logra que la cadena de supermercados K-Mart deje de vender balas), y ubica este episodio en el contexto de su discurso: una nación agresiva.
¿Es verdad, en cambio, que Canadá es un Edén de puertas abiertas enfrentado al infierno estadounidense (más allá de que en su recuento estadístico de muertes anuales pase por alto la demografía de cada país)? ¿Procede correctamente cuando aniquila sin piedad al amante de las armas Charlton Heston? (algunos han denunciado a Moore por adulterar, en la edición, el momento en que el veterano actor dio un discurso en la Asociación Nacional del Rifle, donde lo hace aparecer como soberbio e impiadoso, y que habría sido el resultado de pegar dos discursos distintos dados en diferentes circunstancias y separados en el tiempo).
Son temas de debate. Lo innegable es que el género del «docudrama» (que no el documental) ya no es el mismo después de la explosiva aparición mundial de Moore, con el pequeño espaldarazo de su archienemigo en la Casa Blanca.



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