10 de enero 2001 - 00:00

Divertido retrato de la clase media

Moria Casán y Juan Carlos Calabró.
Moria Casán y Juan Carlos Calabró.
«Bendita clase media», de Hugo Sofovich, con Juan Carlos Calabró, Moria Casán, Emilio Disi, Claribel Medina, Paula Martínez, Guillermo Marcos. Esc.: Mario Vasta. Vest.: María Gregorio. Prod. y dir. gral.: Hugo Sofovich. Teatro Liceo.

Cansado de ser una carga para la familia, un jubilado se encierra en un dormitorio del departamento donde vive con su hija, su yerno y sus nietos, para suicidarse por medio de un largo maratón sexual. Con ese punto de arranque, con esa situación desencadenante digna de Neil Simon, Hugo Sofovich logra una obra esencialmente teatral que ingresa en la tradición del costumbrismo y el grotesco criollo más reciente.

«Bendita clase media»
es una obra que entretiene, divierte, y no sólo hace pasar un buen momento sino que también lleva a pensar sobre los frívolos conflictos con los que se suele intentar escapar de las tragedias.

Si el problema es el padre desde el comienzo -y con su actitud precipita los enfrentamientos entre la hija y su marido, entre el hijo y su esposa y, a la vez, entre los cuatro-, es también el emblema del gran secreto que revela la obra al final, cuando se abre a la emoción para exaltar valores y sentimientos que suelen estar acallados, si no ignorados.

Pero la obra no concluye en esa revelación porque Sofovich busca ir más lejos, mostrar cómo el mayor drama (algo que el autor enuncia pero evita, con acierto, mostrar) es superado por los sectores medios, la «bendita clase media», volviendo a las confrontaciones rutinarias y a los pequeños problemas cotidianos porque, más allá de todo, «la vida sigue igual», como sostiene la canción elegida para el cierre de la obra.

Si bien se trata de una pieza de las llamadas «de living», las actuaciones hacen crecer un mundo, que va apareciendo por pequeños datos deslizados en diálogos muchas veces chispeantes. La discusión de la pareja va in crescendo y si hay una pausa es para que ingrese un personaje o se intensifique un aspecto de la historia.

Alicia ( Moria Casán) es la hija del jubilado que eligió encerrarse para acabar sus días. Su marido, Guillermo ( Juan Carlos Calabró), que tiene un negocio de venta de ropa (es mayorista de jeans y, según se dice, «el único italiano que tiene un local en el Once, en medio de judíos y coreanos»), llega apresuradamente para tratar de solucionar el problema, pero pronto se trenza con su mujer en una irrefrenable batalla de críticas personales y familiares. Los reproches, envueltos en ironías y sarcasmos, se suceden, sin dejar a ningún pariente sin cuestionar.

Acaso esa primera etapa sea un tanto extensa hasta el momento en que aparece Fernando ( Emilio Disi), hijo del jubilado, hermano de Alicia y subgerente de marketing en la empresa Williams, Williams y Williams, que rápidamente deja de interesarse en el problema paterno para agregarse al combate familiar, ampliándolo y llevando a que se le recuerden sus fracasos y que su actual «tonito Barrio Norte» es falso, porque siempre fue de Mataderos. Muy a su pesar, Fernando terminará revelando aspectos de su intimidad y de los motivos de los avances en su empleo actual.

Cuando llega la esposa de Fernando ( Claribel Medina), que es una divertida despistada y con las tonterías que dice impone pausas al enfrentamiento, hace que Fernando diga: «Acá sólo falta De la Rúa yendo y viniendo por el balcón, buscando la salida». Si hasta allí el público se ha identificado, o reconoció cosas que ha vivido en su propia familia, en ese momento a las risas se agregan los aplausos. Algo que se repite cuando Guillermo explica que en su negocio «por la mañana no se vende nada, y por la tarde... afloja un poco».

Hugo Sofovich
ofrece con «Bendita clase media» un verdadero desafío a los actores; no por nada estuvo buscando durante mucho tiempo el elenco para ponerla en escena. Por tratarse de una obra esencialmente teatral, y no las que él mismo llama «comedietas», que llevan la televisión a un escenario, reclama que los actores no tiren la letra sino que encarnen a sus personajes, que vayan del naturalismo inicial, en medio de un fondo de comedia brillante, pasando por el costumbrismo testimonial, para alcanzar, en una serie de vueltas de tuerca, el grotesco, el sentimentalismo y el final de falso «happy end».

Juan Carlos Calabró
domina la escena con seguridad, instalándose con rigor actoral en un personaje distinto a los que le son habituales.

Moria Casán
, por momentos más cerca de su estilo acostumbrado, se maneja con solvencia y alcanza sus mayores logros cuando se entrega por entero a su personaje, un ama de casa, al fin y al cabo, y a sus emociones, dado que ella tiene la clave secreta que hace de la obra una valiosa parábola.

Emilio Disi juega bien los dobleces de su Fernando, que sabe enriquecer con matices. Claribel Medina tiene el personaje cómico por excelencia y transmite que se divierte con él, haciendo divertir, a su vez, al público. Acompañan bien los trabajos de Guillermo Marcos, como el vecino periodista, y Paula Martínez, como la conmovida y «generosa» empleada doméstica. Desde la producción y la dirección, Hugo Sofovich ha logrado dar un nuevo paso en el camino autoral iniciado con «Qué nos sucede vida».

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