Divertido y nostálgico "acto escolar" con buenas actrices

Espectáculos

«Las pequeñas patriotas» Dir.: H. Tritek. Int.: N. Aleandro, A. Aizenberg, J.J. Hermida. Diseño de arte: C. Villamor. Ilum.: O. Possemato. (Teatro «Maipo».)

Es muy oportuno el reestreno de este espectáculo que 14 años atrás sorprendió al público con su humor ingenuo y juguetón y que sin proponérselo termina poniendo al descubierto los peores estereotipos de la escuela primaria. Las acertadas caracterizaciones de Norma Aleandro y Adriana Aizenberg -dos alumnas de tercer grado, una muy tímida y distraída, la otra una avasallante sabelotodo- aportan credibilidad a esta desopilante recreación de un acto escolar de los años '50 que también da lugar a la nostalgia.

Esta mezcla de costumbrismo poético y viñeta cómica ya es una marca de estilo de la directora Helena Tritek. En este caso, el material que logró reunir junto a sus dos actrices consiste en himnos, loas, canciones, poesías, rondas infantiles y textos pedagógicos de sus años escolares. El resultado es por demás elocuente. Basta con prestar oído a esos recitados grandilocuentes -sin mucho asidero en la realidad- o a ciertos preceptos educativos desbordantes de moralina, para que cada uno saque sus propias conclusiones. Fue atinada la decisión de no incluir ninguna referencia política ( seguramente estas alumnas tenían como lectura obligatoria «La razón de mi vida»). Esto ayuda a que el material trascienda su marco de referencia y convoque a todo tipo de público, sin importar la edad. Por más años que hayan pasado desde entonces, la ternura que transmiten estas atractivas postales de infancia es indiscutible. Quizás porque evoca el torpe intento infantil de emular al mundo adulto, muchas veces sin comprender sus intenciones, ni su discurso.

A lo largo de 19 cuadros (60 minutos) las actrices cantan, recitan, dramatizan, bailan folklore -y hasta corren por el escenario con asombrosa energía- acompañadas al piano por Juan José Hermida, muy expresivo en su rol de «profesora de música». A diferencia de otros espectáculos -por ejemplo, »Chicas católicas»- que buscan reproducir en escena distintas etapas de infancia, «Las pequeñas patriotas» elige el camino inverso. Su motivo principal es el teatro, con sus códigos de representación de los que se burla sanamente (habida cuenta de que no hay peores actuaciones que las de los actos escolares). Pero también está esa magia que hasta el más precario dispositivo escénico puede llegar a generar.

Aleandro y Aizenberg imitan a la perfección el lenguaje corporal de una niña, y el vestuario y la utilería que las acompañan completan esta ilusión. Siempre se las ve muy serias (sorprendentes cuando entran en pánico o se aburren de lo que hacen) pero ellas se divierten como dos criaturas y el público las acompaña con deleite.

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