Dolorosa historia de amor

Espectáculos

«La piel» de A. Finzi. Dir.: E. Dacal. Vest. y esc.: J. Groppo. Mús.: P. Dacal. Int.: L. Bove, J. Ordano y J. Smud. (Centro Cultural de la Cooperación.)

En un subte de París, una mujer solitaria le contó al dramaturgo Alejandro Finzi su historia de amor. Viajaba al hospital donde estaba internado su marido, aquejado por una enfermedad misteriosa que lo había llevado a transformarse en una especie de conejillo de Indias. La mujer iba a acompañarlo y le llevaba un libro.

El recuerdo regresó a la mentedel autor mucho tiempo después y, con él, los pensamientos sobre la soledad, el desamparo, la necesidad de encontrarle un sentido a la vida y el misterio último que significa la muerte.

Finzi
ubica a los dos personajes en una fría e impersonal habitación de hospital que, sin
embargo, para el hombre (tal vez en sus delirios) se transforma en una suerte de laboratorio desde el cual contempla el vuelo de los pájaros, buscando en su comportamiento algún signo que lo ayude a comprender el significado de su propio destino.

Los dos personajes parecen estar solos en el mundo y, en un intento desesperado por acompañarlo en su viaje solitario, la mujer se hace partícipe de sus búsquedas e intenta rescatarlo del miedo. El vínculo entre ellos es tan fuerte que da la impresión de que uno es incapaz de vivir sin el otro. Sin embargo, el hombre se va justo en el momento en que la mujer no está a su lado y una desconocida es la que se ocupa de los rituales que acompañan la partida.

La pieza es fuerte y perturbadora y la puesta de
Enrique Dacal logra algunos momentos de intensa sugestión. Apoyada en un texto cargado de lirismo, la anécdota se desarrolla a través de monólogos en los que los personajes intentan desentrañar lo que sienten frente a la prueba que deben enfrentar.

Los monólogos del hombre son por momentos demasiado explicativos y el personaje de la mujer es el que está más desarrollado. Esto incide en las actuaciones.
Julio Ordano cae al comienzo en el estereotipo, pero se va afirmando a medida que se olvida de caracterizar a un hombre enfermo y se deja llevar por los delirios.

Laura Bove
compone a la mujer con sinceridad conmovedora. Apasionadamente y sin caer en el melodramatismo dibuja la imagen de alguien que se siente impotente frente al dolor de su compañero y que intenta, sin lograrlo, compartirlo.

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