Dominique Sanda, una Juana de Arco de lujo

Espectáculos

Sobre un libreto sintético y sin eufemismos de Paul Claudel, el compositor Arthur Honegger revistió este Oratorio dedicado a la maltratada doncella de Orleáns con una música de incomparable vigor e impacto, en una parodia repleta de juegos de palabras verbal y musical.

Las Ondas Martenot imitan al perro aullante como símbolo del horror de la tortura física y mental, rebuznan de alegría cuando el Asno ha sido designado miembro de la corte, y resultan una parodia perfecta del jazz de 1935 con la música del maldito Obispo Cauchon (cerdo o chancho), de registro agudo, quien canta un aria grotesca con el coro en Sol Mayor.

Como éstos, se pueden señalar centenares de aciertos novedosos, momentos de sublime simplicidad que contrastan con otros de notable complejidad; sorprendentes y emocionantes recursos que apelan a la emoción y la reflexión.

Es de destacar que esta reposición es excelente. La habíamos visto en julio de 2000, cuando al Coro lo dirigía el fallecido
Vittorio Sicuri y la Orquesta el célebre Serge Baudo. El sello de ambos no se borró, tampoco se innovó en la ingeniosa puesta de Roberto Platé. Así, esta versión de «Juana de Arco en la hoguera» vuelve a cosechar aplausos y a constituir un acontecimiento en su densa brevedad: son 80 minutos de acción y música continua, sin resquicios ni interrupción alguna.

La mayor expectativa estaba puesta en la protagonista,
Dominique Sanda, que pisaba por primera vez un escenario argentino, aunque muchas veces la vimos en las pantallas en films antológicos, y también animó personajes dramáticos en el cine argentino, como en «Yo, la peor de todas» de María Luisa Bemberg.

Como esta obra fue encargada por la bailarina y actriz ruso-judía
Ida Rubinstein (la misma que le pidió a Ravel el famoso «Bolero»), es una actriz de trascendencia la que debe asumir el papel, y en este sentido Sanda es ideal, no solamente por su espléndida figura física y su belleza gestual, sino por las inflexiones y modulaciones de su voz.

Convirtió a la escena de «Trimazo» en el punto culminante de la obra; en la obra, trata de cantar una canción folklórica pero rom pe en llanto cuando se da cuenta del horror de su situación, como si despertara de un largo sueño o de una horrible pesadilla. Hasta el Hermano Dominique la abandona, después de haberle leído su vida en un libro; se cierra la rueda del tiempo, completa su círculo y llega el momento del supremo sacrificio.

Vale esta
«Juana» por esta y muchas otras valiosas aportaciones, porque visualmente es un espectáculo hermoso, los corales son sobrecogedores, la orquesta en una inmejorable interpretación, y por la destacada labor del conjunto que tiene sus lucimientos individuales y con ello contribuye a resaltar la figura evocada en el centro de la escena, consagrando el talento de Dominique Sanda con un vestido inmaculado, confeccionado por su modista Luciana Gutman.

Esta noche es la Función de Gran Abono, y hay nuevas funciones el viernes, sábado y domingo próximos. Imperdible.

«Juana De Arco en la hoguera», oratorio dramático de Arthur Honegger. Con D. Sanda, M. Solomonoff y elenco. Régie, esc. y vest.: R. Platé; Repos.: A. Cervera. Ilum.: J. Rouveyrrollies. Dir. coro: A. Balzanelli. Dir. coro niños: V. Sciamarella. Ondas Martenot: P. Pénichet-Jamet. Coro y Orq. Estable del Teatro Colón. Dir. de orq.: R. Censabella. (26/5, Abono Vespertino).

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