17 de octubre 2002 - 00:00

"DRAGÓN ROJO"

Edward Norton
Edward Norton
«Dragón Rojo» («Red Dragon», EE.UU., 2002, habl. en inglés). Dir.: B. Ratner. Int.: A. Hopkins, E. Norton, R. Fiennes, H. Keitel, P. Seymour Hoffman, E. Watson, B. Duke, M.L. Parker.

E l cine del siglo XXI aún no encuentra un buen monstruo. Por eso, no queda más remedio que conformarse con el Dr. Lecter, ese gourmet peligrosamente snob experto en gastronomía alternativa. Del mismo modo que «A la hora señalada» se convirtió en el western aceptado por los espectadores que se consideraban demasiado inteligentes para ver un film cualquiera de vaqueros (el film de Fred Zinneman aludía a temas contestatarios y filosóficos), el fenómeno Lecter le permitió a un sector del público alejado del cine de terror poder adentrarse en los oscuros rincones del psycho-thriller.

Como buen discípulo de Roger Corman, en «El silencio de los inocentes» Jonathan Demme no dejó de condimentar con detalles horripilantes la asesoría de Lecter requerida por la agente del FBI Jodie Foster. Irónicamente, este film de psicópatas aceptado por el establishment -y hasta por el Oscar-era más efectista y menos elaborado que la primera y poco conocida versión para cine de una novela de Thomas Harris, «Man hunter» de Michael Mann, estrenado en la Argentina sin mucho éxito como «Cazador de Hombres».

•Adelantado

Adelantado a su época, y hoy totalmente separado del fenómeno Lecter por la ausencia de Anthony Hopkins en el papel canibalesco, el antiguo «Red Dragon» sigue siendo más interesante, y mucho más novedoso y original que esta flamante producción de De Laurentiis. Los motivos por los que «Dragón Rojo» no puede resultar demasiado sorprendente son obvios. El film de Brett Ratner es un subproducto por partida doble: no sólo es el tercer film de la serie iniciada por Demme, sino que también es una remake de la citada película de Mann. Edward Norton es el agente del FBI que casi pierde la vida deteniendo a Lecter, en un brillante prólogo con la participación de Lalo Schifrin que es lo mejor de la película, lejos.

Pasan algunos años y una serie de asesinatos seriales convocan nuevamente al agente retirado a las atroces escenas del crimen cometido por quien la prensa amarilla ha bautizado «el dientudo». Las cosas se complican cuando el Dr. Lecter le sirve de consultor al FBI, entablando una rara asociación paralela con el asesino que hay que atrapar. El problema es que Lecter no come ninguno de sus platillos favoritos a lo largo de prácticamente todo el film, y el «dientudo» encarnado por Ralph Fiennes -un paciente inglés que ahora debe ser atendido por problemas mentales severos- no es un digno reemplazante del caníbal favorito del público.

Basta señalar que durante casi 90 minutos no hay ningún nuevo ataque criminal, y si bien los excelentes actores sostienen el interés y la película está bien filmada, lo que sucede no es lo suficientemente intenso para un thriller que tenía todo a su favor para aterrorizar como se debe al espectador, y casi nunca llega a generar un clima serio.

Por lo menos, la receta de
Rattner no llega a ser tan esteticista y pretenciosa como el plato frío servido la vez anterior por Ridley Scott, pero no por eso deja de ser una versión fast food de lo que alguna vez fue un banquete suculento.

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