«Vidas cruzadas» («Crash», 2004; habl. en inglés). Dir.: P. Haggis. Int.: M. Dillon, D. Cheadle, S. Bullock, B. Fraser, T. Newton, R. Phillippe y otros. SBP. DVD.
No podía ser más oportuna (para sus editores) la aparición de este DVD, cuya salida estaba prevista antes del inesperado y algo oblicuo Oscar a la película del debutante Paul Higgis, que ahora -tal vez-le dará ventas y alquileres mucho más generosos que los que podían tener planeados. En su estreno en cines, en septiembre del año pasado, «Vidas cruzadas» pasó sin pena ni gloria.
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Se trata de una de las habituales películas «corales», subgénero de cierto Hollywood más o menos independiente que dio lugar a títulos como «Corazones apasionados», «Magnolia» o «Ciudad de ángeles». Molde superador del viejo «film à sketches» (sus personajes, aunque en historias diferentes, suelen estar casi siempre relacionados entre sí), reconoce además un parentesco muy estrecho con la estructura de las miniseries de TV: microdramas de vida propia, con ambiente y genealogía común.
La meta del film es poner a la lupa la insalvable hipocresía en la vida cotidiana de una sociedad polirracial, y en especial la violencia latente o explícita que rige una ciudad tan compleja como la de Los Angeles, escenario privilegiado cuando se aborda un tema como éste. Así, es un fabulario de situaciones extremas, en algunos casos bien trabajadas en lo dramático, aunque en otros con recaídas en sensibleríasy dudosas poetizaciones. No hay personajes protagónicos: todos ellos, aunque estén interpretados por estrellas como Sandra Bullock o Brendan Fraser, tienen igual preponderancia que los encarnados por actores poco conocidos, como subrayando el fin de dirigir la mirada únicamente a esa caldera de tensiones, odios y recelos que siempre parece a punto de explotar. Si a los personajes de «Magnolia» los terminaba cubriendo una lluvia de sapos, literal, la precipitación final en «Vidas cruzadas» no es fantástica aunque sí atípica: es allí donde adviene una cierta pacificación que, en el mejor de los casos, debería entenderse como un cierre burlón. Marcelo Zapata
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