Con
discreción y
respeto por el
entrevistado,
lo que no
impide que
brinde una
muy
necesaria
información,
el documental
de Zito gira
alrededor de
un
adolescente
que nació y
vive con sida.
«Tocando en el silencio» (Argentina, 2008, habl. en español). Dir.: Luciano Zito. Documental.
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Una didascalia inicial nos informa que en 20 años han muerto 22 millones de víctimas del sida, que actualmente hay 42 millones de infectados, y que estamos ante la primera generación de jóvenes que nacieron, crecieron, y viven con sida. Esta es la historia de uno de ellos, que afronta su enfermedad como un problema, no como un drama. Con ejemplar discreción, respetuoso del entrevistado, lo que no le impide para nada brindarnos la muy necesaria información, el nuevo documental de Luciano Zito («Tapados») toma al protagonista, Alejandro Pompei, a la edad de 16 años, de frente. El chico da la cara, cuenta su vida, sus sueños, sus expectativas hacia alguna chica, su inquietud ante el riesgo de contar lo suyo a quien todavía tenga aprensiones, y lo hace con valor y a veces hasta con alegría. También hablan la abuela que lo crió (es emotivo el modo resignado con que describe ese momento en que los médicos tuvieron que decirle lo que ella ya se daba cuenta), y el tío joven, que lo acompaña en recorridas por los lugares de infancia: Chascomús, Concordia, las ruinas del Palacio San Carlos, el mismo donde, según la leyenda, una familia francoargentina albergó a Saint Exupery tras un aterrizaje forzoso, episodio que el escritor menciona, pero sin descripción detallada del lugar, en «Tierra de hombres».
A los lugares de estudio cuyos directivos le dieron cabida, sabiendo que el mayor peligro en estos casos no es que el chico contagie a otro, sino que los otros le contagien el menor resfrío -primaria N° 17 Marcos Sastre, colegio León XIII- el chico va solo, y muy agradecido. La abuela, por su parte, lo acompaña al Hospital Fernández, donde, contrario a lo previsto, no hay ninguna lágrima, sino que tiene lugar la escena más festejada por el público joven, cuando el muchacho le pide a la doctora una dispensa para disfrutar a gusto del viaje de egresados, y la abuela hace su aporte, muy expresivo, respecto a lo que él toma o dejó de tomar. No todo es broma, por supuesto, y hay también algunos episodios bastante serios, incluso algo tristes, musicalmente muy bien comentados. En resumen, un documental sensiblemente medido, sencillamente explicativo, que ejemplifica sobre un problema, y al mismo tiempo nos regala el ejemplo de alguien que sabe sobrellevar diariamente ese problema. Porque así lo plantea el mismo Alejandro Pompei en charlas con el público, desde su actual trabajo como miembro activo de la Fundación Huésped: «Hoy asumo esta enfermedad con mayor seguridad, como un problema que hay que saber llevar, no como una bandera, ni como una tragedia». Mejor documental del 7° Festival Nacional de Tandil, mejor documento humano del 3er Festival del Mercosur, mención especial del 10° Derhumalc, vale la pena.
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