9 de noviembre 2021 - 00:00

El anarquismo: el miedo y la seducción a la par

Diálogo con el historiador Martín Albornoz sobre el ensayo donde examina algunas contradicciones de la sociedad argentina de hace más de un siglo.

albornoz. Establece un paralelo entre los libertarios y los anarquistas.
albornoz. Establece un paralelo entre los libertarios y los anarquistas.

Un movimiento minoritario, extremadamente libertario, alcanzó las portadas de los diarios hacia fines del siglo XIX. El impacto de los atentados a prominentes figuras en Estados Unidos y Europa repercuten al conocerse que el anarquismo también aquí está instalado, como se lee en “Cuando el anarquismo causaba sensación” (Siglo Veintiuno) donde Martín Albornoz revive el momento en que “la sociedad argentina estaba entre el miedo y la fascinación por los ideales libertarios”. Albornoz es doctor en Historia (UBA) y profesor de la Universidad de San Martín. Dialogamos con él.

Periodista: Los libertarios de hace un siglo y los actuales, ¿tienen algo en común?

Martín Albornoz: El anarquismo fue un tema de conversación pública desde fines del siglo XIX por los rasgos espectaculares que iban más allá de la doctrina. Tenía un componente mediático que no podía tener el socialismo que era austero en sus formas de expresión, salvo alguien como Alfredo Palacios; por lo tanto, en general como movimiento, era menos noticiable. Un punto de contacto con los actuales libertarios es justamente la capacidad de usar los medios como plataforma. Los anarquistas llamaban a eso “cosechar en el campo enemigo”. Partían del supuesto de que sus acciones tendrían repercusión en “la prensa burguesa” y eso era favorable para la propaganda. Eso mismo está en los libertarios actuales con sus apariciones rimbombantes y un discurso emotivo que pretende calar en los estratos más maltratados de la sociedad. Hay un elemento en común en la espectacularización, en ofrecer lo libertario como un objeto visual llamativo, y la posibilidad de ocupar un espacio independientemente de su realidad fáctica. La idea de que la política no se construye a partir de programas racionales, que la gente no racionaliza y elige, la tienen un montón de movimientos. Yo no veo un hilo entre los libertarios de ayer y los de hoy porque hay diferencias evidentes. El anarquismo nunca renunció a pensarse como un movimiento social para el que la articulación entre individuo y sociedad era un problema que había que resolver fuera de esos dos polos, mientras que en el libertario actual se inclina a extraer del individuo la última razón de la acción política. En el anarquismo eso estaba muy matizado y estaba su anticapitalismo, su renuncia a la idea de la propiedad privada. Las palabras son disputadas y no significa libertario lo mismo hoy que hace cien años, los significados van cambiando, y a veces cambian más los contextos que las palabras y se siguen usando palabras para prácticas nuevas, como lo señaló Marc Bloch.

P.: En los años sesenta, Osvaldo Bayer y David Viñas justificaron la violencia anarquista.

M.A.: En los años sesenta y setenta hubo quienes buscaron asociar al anarquismo con la violencia. Curiosamente algo no muy distinto de lo que decía la policía en el pasado, que el anarquismo era esencialmente violento, lo que no es cierto. En su intento de construir una especie de filiación revolucionaria no peronista, Bayer y Viñas, entre otros, encontraron en el anarquismo un elemento disponible para lo que Hobsbawm llama la construcción de una tradición. Difícilmente los anarquistas de comienzos del siglo XX se hubieran sentido cómodos en la reivindicación que hacían de ellos quienes reivindicaban la Revolución Cultural China o la Unión Soviética. El anarquismo es un objeto que se construye históricamente a partir de la palabra de los otros. El anarquismo era muy permeable. Yo muestro que podía haber anarquistas que eran policías y policías que eran anarquistas. Y un anarquista como Pietro Gori es socialmente considerado y hasta elogiado por los medios.

P.: ¿Los periodistas no sólo se aprovecharon de los libertarios sino que los moldearon a su gusto?

M.A.: Como hizo el periodista Juan José de Soiza Relly, en La Nación y Caras y Caretas, con Salvador Planas, el anarquista vegano que intentó asesinar al presidente Quintana. Necesitaba encontrar un fenómeno periodístico y llegó a ofrecer en un aviso diez mil pesos a quien ayudara a lograr un reportaje con el anarquista prófugo. Hubo hechos como el del asesinato de Humberto Primo que provoca una conmoción, lo que muestra que los sectores populares podían sentir dolor por la muerte de un rey de su país de origen, y que el anarquismo estaba en boca de todos. Caras y Caretas, dedica a Humberto Primo un número especial y es un boom comercial. Después de 1910 van a haber fenómenos más redituables periodísticamente como, obviamente, la guerra mundial. En los años 20, con Severino Di Giovanni, se va a reflotar el anarquismo. Los ácratas pretenden utilizar el poder de la prensa a su favor, pero no pueden controlar los efectos del impacto mediático. Caras y Caretas en una nota dice que los anarquistas de Buenos Aires no son peligrosos y a los anarquistas porteños no les gusta nada que digan que no son peligrosos.

P.: José Ingenieros señala la vanidad de los anarquistas que solo quieren estar en letras de molde.

M.A.: Esa es la maldad de Ingenieros, que era un polemista feroz del anarquismo pero que tiene una mirada muy diversa, más que muchos historiadores actuales. Puede ver anarquistas en las prisiones, locos, narcisos, anarquistas de verdad. Se nutre de las informaciones que daba la prensa de los grandes crímenes, para dar una explicación distinta a la que daban los anarquistas.

P.: ¿Ahora en que está trabajando?

M.A.: En microbiografías de anarquistas, para mostrar la diversidad de conductas. Y en cómo participa la policía de Buenos Aires en la vigilancia internacional del anarquismo porque era un fenómeno que en parte se explicaba por la dinámica migratoria que era realmente “anárquica”. Era imposible controlar en las fronteras quienes entraban y salían. La policía de Buenos Aires necesitaba coordinar con la policía de Brasil, de España, de San Petersburgo. Un policía argentino va a establecer un tratado de colaboración con la policía rusa. Un mapa más global del anarquismo sin perder el pie en Buenos Aires, que es una ciudad que explica porque el anarquismo aquí fue tan importante.

Dejá tu comentario

Te puede interesar