17 de mayo 2004 - 00:00
El artista ante la sociedad: ¿elegidos, genios o réprobos?
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Un saludable humor predomina en la fotonovela «Rothschild reclama su herencia», donde el artista del mismo nombre simula ser pariente de los ricos banqueros que llevan su apellido.
Un saludable humor predomina en la fotonovela «Rothschild reclama su herencia» (Berlín, 1992), donde el artista del mismo nombre simula ser pariente de los ricos banqueros que llevan su mismo apellido y así consigue casarse con una poderosa heredera de esa familia. Lo que sigue es la saga de su ascenso social y la simultánea pérdida de su talento artístico que, finalmente, es lo único que le importa. El melodrama concluye cuando Rothschild abandona el castillo, los partidos de badgminton y una vida glamorosa para terminar como pintor callejero.
Estudioso de los tics de Hollywood, Sastre es un «genio» que logra hacer fortuna y escalar posiciones en el sistema del arte. El video «The Dark Side of the Pop» (Madrid 2004), comienza con la imagen de un niño que lee las ediciones de Taschen, se convierte en artista, e inicia una veloz y descarada carrera en busca de la fama y el éxito al compás de una música pegadiza y el lema «el tiempo es oro».
«Iusismo» (Buenos Aires, 2004), la serie de collages de papeles y fotografías intervenidas con fibras de colores de Iuso, está compuesta por un registro obsesivo de su realidad cotidiana. Es una autobiografía desinhibida y a la vez una compulsiva descarga de sus problemas, ideas y relaciones llevada al colmo del egocentrismo. Este relato abrumador es un caso «testigo» de egomanía artística que pone a prueba la capacidad del espectador.
La instalación de Tamara Stuby (1998-2004), «Informe anual: un año de mi vida en estadísticas», también se nutre -como la obra de Iuso-de la obsesión por el ego, pero en este caso la artista utiliza una metodología científica para dejar constancia del modo en que utilizó su tiempo. En gráficos de impecable factura, cuenta que durante 700 horas estuvo «esperando algo que salió peor de lo que había pensado», y 900 «hablando con alguien que nunca entendió lo que estaba diciendo». En este verdadero ajuste de cuentas consigo misma, agrega datos como el tiempo que invirtió -o perdió- en ganar dinero, o segmenta en porcentajes sus temas de conversación, como Bienales, galeríasy hablar «mal» de otros artistas. En suma, una muestra que desde la perspectiva actual, pone otra vez en el candelero la figura del artista, con sus luces y sus sombras, sus logros y debilidades.




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