9 de noviembre 2000 - 00:00

"EL ASADITO"

L a idea era bastante singular, se trataba de rodar una película entera en menos de un día, con una sola cámara, con actores en su mayoría aficionados, que además supieran improvisar sobre los temas que se les dieran, ya que sólo estarían escritos los últimos quince minutos de la historia, y todo teniendo como único escenario una terraza (por suerte bastante grande).En ese sentido, hay que reconocerlo, la propuesta de producción funcionó bastante bien, y en algunos aspectos más que bien. La calidad técnica es relevante, con puntos a favor para el director de fotografía Fernando Zago, en definido blanco y negro, los intérpretes tienen su carisma (unos más, otros menos), la gente de producción es destacable, ya que supo trabajar con lo mínimo y aprovecharlo, y el empuje al cine independiente es innegable. Algo más: independiente, y provinciano, ya que este film se realizó sin un solo peso del INCAA, y es enteramente rosarino por donde se lo mire.
•Historia
En cuanto a la historia porque a fin de cuentas uno siempre va al cine esperando que le cuenten una historia, puede decirse que es minimalista, con lo bueno y lo malo que este término sugiere. A través de un grupo de amigos que se juntan a comer y charlar desde mediodía hasta la madrugada siguiente (víspera de Fin de Año), el ya treintañero
Gustavo Postiglione decidió retratar a algunos especímenes de su propia generación, desgastados, decepcionados, refugiados en sueños incumplidos, conversaciones inconducentes, superficiales manifestaciones de afecto, y, en algunos casos, tratando de aparentar que en la vida les ha ido mejor que a los otros. Manías de tipos inmaduros, fracasos que no se asumen, traiciones que uno cometió contra sí mismo, traiciones que se ven venir.
Gente parecida era la que paseaba su aburrimiento existencial (entonces se decía «spleen») en la chejoviana «Pieza inconclusa para piano mecánico», sólo que el maestro Nikita Mijalkov retrató allí un ambiente de aristócratas de provincia de un entresiglo ya lejano. Había incluso un ridículo que amenazaba con matarse, y había también, eso sí, un amanecer de esperanza. Estos rosarinos, en cambio, son de simple medio pelo, y es difícil hallar un buen amanecer para ellos, representantes de un medio pelo argentino más amplio, bastante poco redimible.

Dejá tu comentario

Te puede interesar