25 de abril 2003 - 00:00

El Bogart desconocido

«Maldita Mujer» («Dead Reckoning», 1947). Dir.: J. Cromwell. Int.: H. Bogart, J. Bell; «El traficante» («Sirocco», 1951). Dir.: C. Bernhardt. Int.: H. Bogart, L. J. Cobb, Z. Mostel; «La caída de un ídolo» («The Harder They Fall», 1956). Dir.: M. Robson. Int: H. Bogart, R. Steiger. LKTel. DVD.


A fortunadamente, junto con las habituales ediciones de los títulos actuales, el DVD algunas veces mira hacia el pasado y rescata joyas que varias generaciones nunca tuvieron la oportunidad de ver, porque ni siquiera habían sido publicadas nunca en VHS. Es el caso, ahora, de algunas de las películas que Humphrey Bogart filmó para la Columbia Pictures, incluyendo la que sería la última de su vida -y la mejor de esta serie-«La caída de un ídolo».

Si bien las películas más famosas de Bogart son las que filmó para la Warner (desde «Casablanca» a «El halcón maltés»), injustamente se tendió a dejar en el olvido el gran legado que dejó para el estudio rival, la Columbia, y que ahora pueden empezar a revalorarse a partir de su exhumación por el DVD. Salieron ahora tres juntas, y el mes próximo aparecerá una cuarta, «Muerte en un beso» («In a lonely place»).

«La caída de un ídolo»
, de Mark Robson, es una estupendo drama de conciencia ambientado en el mundo del boxeo, en donde « Bogey» interpreta a un cínico ex periodista sin trabajo, que debe aceptar una tarea contra su

voluntad: ser el prensero de un boxeador argentino (!), el «toro de las pampas», a quien le arreglan todas las peleas.

En «El traficante», Bogart interpreta a un contrabandista de armas que debe debatirse entre dos lealtades: a sus propios clientes sirios y al ejército francés. Impecable el contrapunto actoral con Lee J. Cobb, en una película ambientada, como «Casablanca», en el exotismo de estudio hollywoodense árabe, aunque acá su personaje tiene menos nobleza.
Finalmente, en
«Maldita mujer» regresa el Bogart de buen corazón: en este caso, en la piel de un veterano de guerra que trata de vengar la muerte de un amigo, en una trama donde hace falta, como tantas otras veces, «chercher la femme» (aquí, la fatal Lizabeth Scott). Imperdibles, sin duda.

M.Z.

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