10 de marzo 2003 - 00:00

El cine se abre paso en medio del desorden

Ethel y Gogó Rojo
Ethel y Gogó Rojo
Mar del Plata - Como un karma ineludible, el festival marplatense parece obligado a vivir en la desorganización. El nivel artístico es bueno, hay una buena programación, artistas de mérito, pero todo a su alrededor parece prendido a último momento con alfileres.

Por ejemplo: todos elogiaron la película de la noche inaugural, «Ciudad de Dios», y el director Fernando Meirelles estaba en la sala, pero nadie lo presentó ni lo hizo subir, como corresponde. Tampoco nadie le había hecho las reservas en el hotel, lo que se resolvió recién dos horas antes de que el hombre llegara con sus valijas. Si así tratan a un Vip, puede imaginarse cómo la pasan los otros.

Pese a tanto bochorno, de aquella noche quedan, gratificantes, la ovación del público a Carlos Sorín, autor de «Historias mínimas», y las palabras de Miguel Pereira, breves, sentidas, muy personales. Sencillamente, Pereira recordó cómo su film «La deuda interna», referido a las víctimas de Malvinas, tuvo problemas con las cancillerías de Argentina y Gran Bretaña, y cómo el anterior director artístico de Berlín escribió a esas cancillerías, reclamando «¿Para qué sirve el cine si no es para unir a los pueblos?». Tras lo cual, sobrevino un rotundo aplauso por la paz. A continuación, se proyectó una película de violencia.

Imagen frívola: en una punta del extenso hall del Auditorium, Mimí Ardú con un vestido blanco, amplio y largo, y en la otra punta, Florencia de la V con un vestido rojo, brillante y ceñido, y con una pierna al aire. Imagen risueña: el gobernador de Buenos Aires, falto de carisma y de sentido del tiempo, divagando sobre el cholulismo en el festival: «No hay cholulos de los políticos como hay de los artistas. A mí me vendrían bien unos cuantos».

Para marcar entre lo bueno: las charlas de los autores con el público al final de algunas funciones, los reportajes públicos a los realizadores Nelson Pereira dos Santos y Jerzy Skolimowski (el público no los conocía demasiado, pero le cayeron simpáticos), los encuentros de «películas en proceso» (de encontrar financista), un workshop de Irvin Keschner, director de «El imperio contraataca», un seminario de Max Ford sobre el dispositivo de «time lapse» que acelera o frena la acción, permitiendo, por ejemplo, la ilusión de ver cosas corriendo aceleradamente, el concurso de cortos nacionales por cuatro latas de negativo, 50 horas de edición, que se desarrolla en paralelo, etc.

Este concurso ya tiene su propia hinchada, como ya tienen cancha para responder entrevistas los porteñitos ganadores del certamen «Hacelo corto», para niños y adolescentes, algunos de los cuales ahora quieren ponerse los largos con el marplatense. Sólo cinco, con sus docentes, fueron invitados, pero varios otros se largaron por su cuenta, y entre todos se lucieron durante el fin de semana en una sala. Esta es la clase de actividades que estimula el clima festivalero, y viene bien alentarlas.

Hasta ahora, la competencia viene bastante liviana, pero eso es lo que se ha conseguido. Realmente, sería mejor restituirle a Mar del Plata el calendario de noviembre, porque marzo, entre

Berlin y Cannes, no resulta. No es que las películas sean flojas, pero tampoco apareció todavía algo demasiado maravilloso. Por el momento, Israel largó en punta y sigue primera en los comentarios, delante de Estados Unidos, Corea, e Irán. A placé, en cambio, una francesa hecha por el argentino
Hugo Santiago, pomposa y larguera.

•Imagen

De los argentinos en el exterior, dan mejor imagen en secciones paralelas la mexicana Francisca, ¿de qué lado estás?» (guión de Jorge Goldenberg), y las españolas «Fugitivas» (guión de Oscar Plasencia y Raúl Brambilla, sonido de Faruolo), bien entretenida, «Smoking Room» (codirección de Roger Gual, con Ulises Dumont como un jefe manipulador), «Carlos contra el mundo» ( Luis Angel Bellaba en la producción), y «El gran gato», sobre el Gato Pérez, «que entendió maravillosamente la rumba catalana», según dice su director, Ventura Pons. «El gato fue todo un personaje, que dejó unos formidables líos de herencia, y de mujeres, y de tal. En la película no aparecen los de herencia, pero los de mujeres y otros, pues sí».

Hace dos años
Ventura Pons se lució en Mar del Plata con la comedia romántica «Anita no pierde el tren» (premio a la actriz Rosa María Sardá), y ahora con este documusical. También se lució anoche con un agasajo a los amigos que ha sembrado en este país. Quizá pierda alguno, ahora que lo pusieron como presidente del jurado.

Ya se van
Fernando Meirelles y Jerzy Skolimowski, ya vino Nelson Pereira dos Santos, pero ninguno de estos importantes directores tiene carácter de estrella. Coherentemente, el festival que se declara mercosurista encontró su estrella en Leandro Firmino da Hora. Nadie podía creer que ese apacible morocho de trencitas fuera en pantalla el sangriento narco de la película brasileña. Firmino quería ser sargento de aeronáutica, pero entró por curiosidad a un taller actoral de su favela, y terminó debutando como protagonista.

«Estuve tres meses desarrollando adrenalina mediante ejercicios de odio y maldad hasta incorporar al personaje, y otros tres para sacármelo», Ahora está haciendo
«Woyzzeck» en teatro, se prepara para estudiar fotografia, y sigue viviendo en su favela. «La violencia sigue creciendo, pero yo no me meto», concluye.

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