"Saltimbanco" por la Compañía Cirque du Soleil. Puesta en Escena: Franco Dragone. Dir. repositor: M. Jessner. Compositor musical: R. Dupéré. Coreog.: D. Brown. Vest.: D. Lemieux. Dis. Iluminación: Luc Lafortune. Esc.: M. Crête.
Les baroques, grupo de clowns acróbatas del Cirque du
Soleil en el show "Saltimbanco", que estrenaron el pasado
viernes.
Las mejores destrezas circenses en un escenario de lujo: así es este espectáculo del Cirque du Soleil que, desde 1992, ha sido la carta de presentación de la compañía en cada nuevo país que visita. Si se la compara con sus shows más recientes (cinco en gira y seis fijos entre Las Vegas y Miami), «Saltimbanco» puede parecer menos teatral y sofisticado en estructura y contenidos. Aun así, es posible observar que esa seguidilla de rutinas circenses, destinadas a desafiar los límites humanos, viene acompañada de una puesta en escena sugerente e imaginativa.
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En todo momento circulan por la pista varios personajes misteriosos que, a través de su actitud corporal y de un vestuario deslumbrante (diseñado como siempre por Dominique Lemieux), van sumando punzarsetos de interés al espectáculo que tiene un diseño de luces muy festivo a cargo de Luc Lafortune.
Cada número es acompañado por la dulce voz de la cantante francesa Laurence Janot y por una pequeña banda que ejecuta sus temas en vivo, que contribuyó a crear un clima intimista dentro de la enorme carpa instalada en Costanera Sur.
El aire punk o clownesco de algunas figuras contrasta con la máscara siniestra de otras. Todo llama la atención: el barroquismo de los diseños, su explosiva paleta de colores y hasta la combinatoria multiétnica que envuelve al elenco.
«Saltimbanco» privilegia el humor, el clima de juego y la energía de estos artistas que buscan todo el tiempo la complicidad del espectador. Su equipo de payasos es excelente y logra llevar a la pista incluso al más reacio, sin necesidad de palabras.
Uno de los números más atractivos es el de los mástiles chinos (también por su belleza plástica). Veinte artistas trepan por unos pilotes para luego cruen el aire saltando como monos voladores para luego realizar distintas coreografías. El público pierde la respiración cuando una pequeña acróbata china va subiendo por un alambre de acero instalado en diagonal hasta unos 7 metros de altura. Una vez allí, la artista hace todo tipo de piruetas entre dos alambres paralelos, saltando de uno a otro, girando hacia atrás y adelante hasta terminar subida a un monociclo.
El único cuadro que no está a la altura de este intrépido show es el dúo de boleadoras, a cargo de dos esbeltas mujeres. Dado que en la Argentina hay excelentes artistas dentro del rubro, este número «for export» resultó de poco interés y tan desacertado como «mandar naranjas a Asunción del Paraguay», parafraseando a Celedonio Flores.
El debut de «Saltimbanco» ratificó el prestigio de esta compañía canadiense integrada por artistas de Oriente y Occidente. Sin embargo, muchos espectadores sintieron que no estaban viendo lo más representativo -y/o vanguardista-de esta compañía. No por nada este espectáculo, que recorrió Europa durante más de tres años, será dado de baja una vez que concluya su actual gira por Sudamérica. Queda la esperanza, entonces, de que el Cirque du Soleil siga visitando la Argentina con otros espectáculos de más reciente factura.
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