21 de octubre 2002 - 00:00

"El clima de cabaret es lo ideal para '300 millones'"

Escena de  300 millones
Escena de "300 millones"
Con el estreno de «Jamón del diablo, cabaré», inspirada en «300 millones» de Roberto Arlt, el joven actor y director Claudio Tolcachir se sumó a la nueva moda de convertir la propia casa -un PH de la calle Boedo 640- en una sala teatral llamada «Timbre 4». Este fenómeno que se inició hace un par de años, ha ido tomando cada vez más fuerza entre los teatristas independientes, que prefieren convertir su domicilio particular en un espacio público antes que someterse a los inevitables límites y restricciones del circuito teatral porteño. En diálogo con este diario, Tolcachir habló de su nueva puesta (ya dirigió «Chau Misterix» de Mauricio Kartún y «Orfeo y Eurídice» de Jean Anouilh) y también de su experiencia junto a Norma Aleandro, su directora en «De rigurosa etiqueta» y compañera de elenco en «El juego del bebé», bajo la dirección de Roberto Villanueva.

• Omnipotencia

Periodista: ¿Qué lo impulsó a instalar una sala teatral en su casa?

Claudio Tolcachir:
Creo que tiene que ver con una cuestión de omnipotencia y de independencia, también. Cuesta mucho poder relacionarse con los empresarios de sala y yo siempre estuve del lado del actor y la cooperativa teatral. Después, cuando uno tiene su espacio propio, se da cuenta de lo difícil que es mantener una sala y llevarla adelante. Por otra parte, yo supe desde siempre que iba hacer teatro toda la vida, y también dar clase y armar grupos, así que me jugué a crear este espacio, aunque alguno de mis vecinos no le guste demasiado que pase tanta gente joven por el pasillo.

P.: ¿Cómo surgió la idea de hacer un cabaret con esta obra de Arlt?


C.T.:
Es una obra que me da vueltas desde hace tiempo. Yo tendría unos 14 o 15 años cuando Alejandra Boero decidió inaugurar Andamio 90 con «300 millones» que dirigía Eduardo Riva y me puso a mí, que empecé en su escuela a los 12 años, como asistente de dirección. Finalmente, Andamio se inauguró con Alfredo Alcón haciendo «Final de partida» y el proyecto quedó trunco. Así que siempre tuve ganas de hacerla, pero dándole una vuelta, ya que por momentos la obra queda demasiado pegada al mensaje social de la época y machaca insistentemente contra la pobreza. Me di cuenta que se podía decir lo mismo sin tanta obviedad. La protagonista es una sirvienta muy pobre que fantasea haber ganado 300 millones de pesos y a mí se me ocurrió que todo eso funcionara dentro de un cabaret, donde el público es recibido por las coristas, una madama, un travesti muy elegante y un pianista en vivo. La acción se entremezcla con varios números musicales, mientras que la moza que atiende el bar (la sirvienta en el original) empieza a tener las fantasías de 300 millones transformando a las demás figuras en personajes secundarios de su historia. Me parecía que el clima del cabaret era justo para esta obra porque tiene ese humor sucio tan parecido al de Roberto Arlt, ese ambiente medio decadente, cuyos dramas resultan más patéticos que tristes. Arlt no busca conmover, al contrario, sus armas son el cinismo y la ironía.

P.: Hablando de ironía ¿cómo reacciona el público de esa obra tan polémica como es «De rigurosa etiqueta»?


C.T.:
La gente que puede tomarla con humor se divierte mucho, pero también hay gente a la que no le gusta nada y se enoja. A veces nos esperan a la salida para decirnos que la sociedad argentina no es así, otros en cambio nos dicen que es un fiel retrato de nuestra sociedad, de la clase política y de cómo funciona el poder. Hasta ahora hicimos un solo debate, porque Norma Aleandro está muy ocupada, y fue bien interesante porque la gente se animó y se armó polémica. Mencionaron a todos los políticos e incluso alguien dijo que Perico, el enano que aparece al final en la escena del nacimiento, era muy parecido a Duhalde (se ríe). La verdad es que la obra da para todo tipo de asociaciones.

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