31 de mayo 2005 - 00:00

El Colón, paralizado desde ayer y temporada jaqueada

TitoCapobianco,director delColón, debióviajar aMiami(dondereside sufamilia) porrazones defuerzamayor. Suausenciacoincide congravesconflictosgremiales ycríticascontra sugestión.
Tito Capobianco, director del Colón, debió viajar a Miami (donde reside su familia) por razones de fuerza mayor. Su ausencia coincide con graves conflictos gremiales y críticas contra su gestión.
Ayer se agravó la última de las recurrentes crisis del Teatro Colón, al punto tal de que la sala se encuentra virtualmente paralizada. Esta situación, por el momento, no afecta a la realización de conciertos tercerizados (los que organizan sociedades musicales como Harmonia, Mozarteum, etc., en cuya implementación el personal de sala percibe pagos adicionales); en cambio, el resto de las actividades dependientes del propio teatro se congeló por los paros decretados por dos gremios.

El panorama, además, se tornó mucho más dramático y lleno de suspicacias, porque el director general y artístico del teatro, Tito Capobianco, sobre quien se derramaron críticas en los últimos días desde algunos sectores que, entre otras cosas, condenaron sus ingresos (pactados en alrededor de 8000 dólares) y la calidad de la actual temporada, se ausentó el sábado del país para viajar a Miami, donde reside su familia. Su esposa, aquejada de un mal pulmonar desde hace tiempo, está atravesando un delicado cuadro de salud. Pero la inesperada salida del país de Capobianco alimentó todo tipo de rumores, y hubo quienes ayer llegaron a hablar de su renuncia y hasta se menciónó el nombre de su posible sucesor.

En diálogo con este diario, el secretario de Cultura, Gustavo López, dijo que estaba al tanto del agravamiento de la salud de Lily Capobianco, esposa del director del Colón, y que cualquier otra «inferencia acerca de su alejamiento temporario carecía totalmente de fundamento. El maestro me informó el pasado sábado acerca de la urgencia con la que tenía que viajar para estar junto a su esposa».

López
, sin embargo, no ignora que hoy el Colón es un polvorín. «Algo van a tener que hacer porque así no se puede continuar ni una semana más» dijo también ayer a este diario otra fuente del teatro, que pidió anonimato. El fin de semana, fueron dos los sindicatosque pusieron en jaque la continuidad de la temporada en el Colón. El habitualmente menos negociador de estatales, ATE (del que depende una minoría de los cuerpos artísticos, aunque los suficientes como para paralizar), y ahora también Sutecba, que agrupa a los empleados municipales, que es mayoritario entre los trabajadores del Colón, y que hasta ahora venía observando una conducta menos beligerante.

ATE llamó a un paro de actividades en el Teatro Colón para hoy, mañana y el jueves, en tanto que Sutecba lo hizo pero por tiempo indeterminado.

ATE pide un aumento salarial de 60% y rechaza el decreto 584 de jubilación obligatoria, entre otras demandas. El detonante del conflicto con Sutecba fue la solicitud de revisión de la situación de un jefe de sastrería a quien la dirección le había iniciado tres sumarios. El viernes pasado, una reunión que se inició para tratar únicamente este tema pasó a mayores y terminó de manera generalizada.

Rodolfo Arrechea
, secretario general adjunto de ATE, dijo ayer que «estuvimos más de 20 días en conflicto, se nos dictó una conciliación obligatoria y en ningún momento tuvimos respuestas. Por el momento, está anunciado el plan de lucha y paro por tres días y están canceladas las presentaciones y actuaciones del Ballet del Teatro Colón en el Uruguay, como así otras actuaciones como por ejemplo la de la Orquesta Filarmónica prevista para el jueves». También peligra el próximo espectáculo de la temporada oficial, la ópera de Gaetano Donizetti «Lucia di Lamermoor», que debería subir a escena el próximo viernes 10, y cuyos primeros ensayos, el último viernes, fueron interrumpidos por las asambleas.

Capobianco
, ausente con aviso, hoy debe enfrentar algo más que el frente gremial. Su relación con la Fundación Teatro Colón, que preside Teresa Bulgheroni, no es óptima, y al mismo tiempo son muchos los artistas nacionales de prestigio que no fueron convocados para esta temporada y que se sienten heridos (entre ellos, el régisseur Roberto Oswald, un histórico del teatro que este año no firma ninguna puesta).

«En el teatro Colón no hay ningún proscripto»,
dijo también ayer López a este diario, con relación al tema de los notorios ausentes de la temporada, y a la cantidad de intérpretes y artistas extranjeros, no todos ellos justificados a juicio de la crítica. «Entiendo que algunos artistas puedan sentirse mal cuando no se los llama, pero nosotros no podemos interferir con las decisiones de la dirección general y artística del teatro. De lo que estoy seguro es de que a Capobianco hay que darle tiempo para poder juzgar su gestión, que no tiene ni un año todavía», agregó. Sobre el tema gremial, manifestó: «Desgraciadamente, esto es un drama crónico que yo confío se solucione a la brevedad. Próximamente, en paritarias, se buscará resolver el tema de los aumentos que hoy se demandan».

Ante la pregunta acerca de los frentes de batalla que se precipitaron en los últimos días contra él, López declaró: «Cuando convocamos a Capobianco, el teatro Colón estaba en una situación calamitosa. No fuimos sólo nosotros sino mucha gente la que aplaudió al enterarse que era él quien venía al Colón. Capobianco tiene, por su actividad nacional e internacional, los méritos suficientes como para sacar al Colón adelante y para pensar en el largo plazo, pero hay que darle tiempo. Los cuerpos estables, por ejemplo, fueron normalizados hace sólo cinco meses; puede decirse que directores como Michael Utov en el ballet, o Salvatore Caputo en el Coro, están prácticamente recién asumidos. ¿Cómo no vamos a esperar, al menos, el fin de esta temporada para juzgar los resultados?».

Al fin del diálogo, López opinó que «el público no está disconforme con la marcha de la actual temporada de ópera, pese a que varios comentaristas la ataquen. No hace falta más que ir a ver las funciones, escuchar los aplausos, para darse cuenta. Con la Filarmónica, en cambio, reconozco que hay más descontento».

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