El tenor Nigel Robson tendrá a su cargo el papel de Gustav von Aschenbach, que en la versión para cine de Luchino Visconti interpretó Dirk Bogarde.
A principios de los años '70, y con una diferencia de apenas dos años, el cine y la ópera produjeron dos diferentes y magníficas versiones de la nouvelle de Thomas Mann «Muerte en Venecia» (1911). En 1971, se estrenó la película de Luchino Visconti, con Dirk Bogarde en su consagratorio papel del músico Gustav von Aschenbach, que en la personal visión del director de «El gatopardo» es el alter ego del compositor Gustav Mahler (en el libro, ese personaje es un escritor). Visconti no sólo exploró los temas inherentes a la obra de Mann, como la imposible persecución del ideal clásico de la belleza en la figura de un adolescente, Tadzio, sino que también se valió de esa historia como escenario de la confrontación entre un mundo decadente, en extinción, el del siglo XIX (simbolizado en la peste que devastaba la belleza de Venecia y la propia decadencia física del protagonista), contra las formas de rupturas ética y estética del XX. Mahler y Schoenberg (también retratado en el film) eran los polos de esta oposición. El film tomó como motivos centrales el Adagietto de la Quinta Sinfonía de Mahler y la parte cantada, con un poema de Nietzsche, de su Tercera Sinfonía.
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En 1973, el compositor Benjamin Britten estrenó la que sería su última ópera, también llamada «Muerte en Venecia», que el martes próximo subirá a escena en el Teatro Colón en carácter de estreno sudamericano. Pese a sus muchas libertades formales, la ópera de Britten está más cercana aún al texto de Mann. En todos los casos, se trata de creaciones íntimamente vinculadas a la cultura homosexual, condición que el autor de «Los Buddenbrock» y «La montaña mágica» siempre sobrellevó en secreto, a diferencia de Visconti y Britten, que no lo ocultaron. Britten emplea únicamente dos personajes para su ópera, y un tercero limitado al papel de «la voz de Apolo» (un contratenor). Son ellos Aschenbach (tenor), contrapuesto a un barítono que encarna todos sus interlocutores dramáticos (desde el gondolero al peluquero y el gerente del hotel, quen en el film de Visconti estaban interpretados por fuertes característicos).
Con una orquestación rica, que incluye instrumentos poco empleados como vibráfono y marimba, Britten reservó al ballet el papel de Tadzio, al igual que el de la familia polaca. La ópera tiene libreto de Myfanwy Piper y fue estrenada en junio de 1973 en el Festival de Aldeburgh, y desde allí comenzó su itinerario por los principales teatros del mundo.
Ahora llega al escenario donde el mismo Britten -37 años atrás-tocó su propia música en piano, y su inseparable compañero, el tenor Peter Pears, cantó lieder. La dirección musical estará a cargo del inglés Stewart Bedford, especialista en el repertorio Britten, quien también estrenó esta ópera y la llevó al disco.
Con un premio Molière en París por sus innovaciones teatrales, Alfredo Arias se encargará de la régie en un marco escenográfico planteado por el artista plástico Roberto Plate (que aquí hizo aquel sobrio trabajo con «Juana de Arco en la hoguera»). El vestuario será de Francoise Tournafond, de gran actividad en Francia y en el Festival de Spoleto. También es francés el diseñador de iluminación, Jacques Rouveyrollis. La coreografía estará a cargo de Diana Theocharidis y el coro estable de Alberto Balzanelli.
El barítono Jason Howard, egresado del Royal College of Music, hará los múltiples papeles que se confrontan con el del personaje de Aschenbach, a cargo del tenor Nigel Robson (figura en muchas grabaciones con John Elliot Gardiner). El contratenor argentino Franco Fagioli será la voz de Apolo. Además de la función del martes en Gran Abono, la ópera también se verá en Abono Nocturno Tradicional (jueves 18), Abono Vespertino (domingo 21 a las 17), Abono Nocturno Nuevo (martes 23) y Abono Especial (viernes 26).
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