10 de marzo 2003 - 00:00

"El comunismo deformó a casi todos en Polonia"

Jerzy Skolimowski
Jerzy Skolimowski
Mar del Plata (Enviado especial) - El gran público lo conoce simplemente como el doctor Zeigler de «¡Marte ataca!», pero Jerzy Skolimowski es, ante todo, un director de renombre, tanto en la Polonia comunista de donde debió emigrar, como en los demás países donde fue a parar. Irónico, algo amargo, el director de «El alarido» recibió en Mar del Plata un premio a la trayectoria, anticipo del que pronto le darán en su propio país. «Pensarán que me voy a morir», gruñe al borde de la pileta del Sheraton.

Periodista:
Ahora vive en Norteamérica. ¿No se siente extranjero?

Jerzy Skolimowski: Sí, mucho, pero no es mi país, entonces lo que pasa lo miro con distancia. En cambio Polonia siempre me irrita, porque es el único país que me importa, y cuando veo tanta estupidez, tanto absurdo, principalmente, me da bronca. Me sentía mal siendo escéptico respecto a «Solidaridad», pero lamentablemente el tiempo me dio la razón. La gente quedó deformada por el comunismo, de pronto llegó la libertad y la convirtieron en libertinaje. Depravación. Ansiedad de enriquecerse rápidamente, aunque sea caminando sobre cadáveres. De pronto hay mafias, algo que nunca hubo. El capitalismo en Polonia tampoco sirve demasiado. ¿Sabe cuál es la más grande autoridad polaca? El Papa. ¡El único que tiene las manos limpias!


P.:
Se ha puesto mal. ¿Aflojamos con una frivolidad? Mujeres.

J.S.: Tuve contactos muy intensos con las mujeres. O muy que sí, o muy que no. Trabajar con Claudia Cardinale, Diana Dors y Valeria Golino fue ideal. Trabajar con Gina Lollobrigida y Nastassja Kinski, una cuchillada.


P.:
¿Qué se requiere para trabajar de modo ideal con una mujer?

J.S.: Que llene mis expectativas, sorprenderla, ganar su confianza, motivarla para que se deje conducir como el caballo de la rienda. A veces pasa, porque la gente se puede querer, se puede gustar mutuamente, pero si alguno de esos elementos se destruye, hay conflicto. Por ejemplo, si no te tiene confianza, si te cuestiona, si se siente manipulada. Las mujeres tienen la obsesión de no ser manipuladas. Bueno, lo de uno es realmente manipulación, pero si se hace con guantes de seda da muy buenos resultados
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P.:
La primera película suya que acá vimos, «Barrera», descolocó a medio mundo. ¿También en su país?

J.K.: Entonces me sentía un autor sumamente de vanguardia, y exitoso. En tres años, tres películas, cada una con sus respectivos premios internacionales. Tenía tanta autoestima que creía que todo lo que haría estaría bien hecho. Realmente no sé cómo pude ir tan lejos, hasta que las autoridades me agarraron del cogote con el tema de «¡Manos arriba!», mi mejor película, la más vanguardista y ácida, que allá fue directamente prohibida. Eso cambió mi vida. Debí emigrar, mantener mi familia como fuera, hacer otro cine.


P.:
Volvamos a su juventud. ¿Qué fue «Diálogo 20 40 60»?

 J.S.: Una bromita que inventamos tres amigos, tomando mucho vodka, durante un simposio de directores centroeuropeos en Eslovenia. Cada uno filmó exactamente el mismo diálogo de una pareja, sin cortar ni agregar nada, sólo que yo hice la pareja de 20 años, otro la de 40, y otro la de 60, cada uno con su estilo, cortes de montaje, etc. El resultado fue muy divertido. No hago comedias, pero pongo el humor, especialmente la ironía, en primer término.

•Polanski

P.: ¿Fueron compañeros con Roman Polanski?

J.S.: Yo entraba a la escuela de cine de Lodz, cuando él salía. Nos conocimos literalmente en la puerta. Luego, él me propuso desarrollar una historia de muchos personajes a lo largo de un verano. Le dije tres personas, y un solo día.Así salió su primer film, «El cuchillo bajo el agua». Luego hice guiones para Andrzej Wajda, etc., y para una película inglesa, no quiero decir el título, que pensaba dirigir yo, pero cuando el productor vio un guión tan bueno quiso dirigirla él.


P.:
Con un resultado...

J.S.: Fatal. Para mantener la familia pasé a hacer cintas hollywoodenses de United Artists en Europa, como «Las aventuras de Gerard» o «El rey, la reina y el caballero». Hay que tomar muchos compromisos, y si el estudio no cree en lo que uno hace, apuran para que la termine de cualquier manera. Sólo si creen que dará dinero ofrecen todas las facilidades y el tiempo necesario.


P.:
Pese a todo, pudo hacer algunas películas muy buenas y personales, con las que ganó premios en Cannes y Berlin.

J.S.: Como «El alarido», que fue ideal, y no debí resignar nada, o «Trabajo clandestino», que sin embargo fue una lucha contra el tiempo, porque me prestaron a Jeremy Irons exactamente por sólo 18 días, incluyendo sábado y domingo. Y también «La partida», cuando llevé mis películas polacas a Cannes, y los productores pequeños me pidieron hacer algo barato en Francia. Yo ni sabía francés.


P.:
¿Y cómo hacía?

J.S.: Hablaba a los técnicos con una traductora, y al actor, Jean-Pierre Leaud, le actuaba su parte y él me imitaba. Cuando le hice entender que debía entrar de un salto por la ventana de un auto en marcha, me replicó «¡Hágalo usted!».Y lo hice.


P.:
Al final se hizo actor.

J.S.: ¡Pero si yo fui actor de mi primera película! La fui haciendo mientras estudiaba cine, y la presenté como ejercicio de tesis. Se llamaba «Señas particulares». Cuando la presenté, mis profesores me dijeron «Bienvenido, colega». Pocos años después, cuando fui a reclamar por mi película censurada, el jefe del Partido Comunista Polaco simplemente me dijo «Adiós». Recordaba esas cosas, cuando actué en «Sol de medianoche» junto a Mijail Barishnikov.


P.:
¿Y cómo se animó a hacer de fotógrafo de guerra en pleno Beirut, para «Falsificación»?

J.S.: Había comprado una casa en Londres, me costaba pagarla, y Volker Schlondorff me preguntó «¿Quiere trabajar en una película riesgosa?» Filmamos en medio de la guerra civil libanesa. Los disparos que se oyen no son de pirotecnia. Lo increíble es que después de la jornada los francotiradores de ambos lados se encontraban en la discoteca. Para ellos, matar era como un trabajo, cumplían su horario y punto.


P.:
¿Y lo de «¡Marte ataca!»?

J.S.: Me llevó mi amigo Jack Nicholson. It's entertainment. Lo último que hice es «Ferdydurke», sobre la obra de Witold Gombrowicz. Desde entonces... Desde niño quise ser pintor. Por casualidad entré en el cine. Como al comienzo el éxito vino con tanta facilidad, es natural que me dedicara al cine, pintando sólo ocasionalmente. Ahora tengo más tiempo para pintar. Como si deshiciera las distancias, repito aquel conflicto de los años jóvenes, pero al revés. Y pinto grandes telas... muy de vanguardia.

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