II Festival Buenos Aires Danza Contemporánea. «Boquitas pintadas». Coreogr.: O. Araiz. Compañía Ballet de Bolsillo. (Teatro Presidente Alvear). «Mendiolaza» (Un drama coreográfico). Creación: Grupo Krapp. Coreogr.: L. Acuña, L. Biasotto y A. Sario. (Centro Cultural San Martín.)
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La clausura del II Festival Buenos Aires Danza Contemporánea se concretó con la actuación de dos grupos de fuerte esencia teatral. Lo mejor estuvo en «Mendiolaza», un drama coreográfico presentado por el conjunto cordobés Krapp que el año pasado había impresionado favorablemente con su espectáculo «¿No me besabas?». Una vez más sus integrantes realizan un trabajo donde confluyen la danza y el teatro. «Mendiolaza» es una obra breve (45 minutos) en la que se observa una lúcida utilización del espacio escénico, con tensiones y transformaciones permanentes. Un lugar lúgubre, marginal y cerrado permite el desplazamiento de seis bailarines-actores que con impactante lenguaje corporal que con acciones rayanas en el absurdo describen la frustración de sus intenciones para con el amor y la creación.
La coreografía del Grupo Krapp firmada por Acuña, Biasotto y Sario (también bailarines) exige una preparación técnica aguerrida, ya que los movimientos son extremadamente violentos y acrobáticos, asimismo piden expresividad teatral para un desarrollo de potente dramatismo. Si bien soledad e imposibilidad de concreción rondan una atmósfera trágica, el Grupo Krapp destila en su actuación un permanente humor corrosivo. La originalidad de su propuesta y el desparpajo de su estilo lo califican como uno de los conjuntos más renovadores de nuestro medio.
•Boquitas
Por otra parte, la reposición de «Boquitas pintadas» con idea, adaptación y dirección de Oscar Araiz y Renata Schussheim fue un reencuentro con una obra valiosa desde el punto de vista plástico pero algo reiterativa y literaria en exceso. Basada en la novela de aliento epistolar de Manuel Puig, los sucesivos relatos en «off» mientras actores y bailarines se mueven y gesticulan intentando una planificación coreográfica no resulta la solución más eficaz para el traslado al lenguaje dancístico de una obra literaria. Aun con lo apuntado, el buen gusto del vestuario de Schussheim, el estilo coreográfico mostrado en mínimas secuencias, la atmósfera lumínica de Traferri y la labor del Ballet de Bolsillo la salvan del naufragio.
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