27 de diciembre 2007 - 00:00
El Greco, excelente cierre de año del Museo del Prado
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«El Caballero de la mano al pecho», una de las obras más destacadas de «Los Grecos del Prado», muestra que presenta por primera vez la colección completa del acervo del museo madrileño.
Hasta 1872, había una absoluta valoración de la imagen del Greco como retratista, pero a partir de ese año cuando se incorporan piezas procedentes de los fondos del Museo de la Trinidad, el Greco comenzó a ser cada vez más reconocido en toda Europa por sus escenas religiosas, entre las que cabe destacar «La Anunciación» del retablo de María de Aragón, el único encargo que tuvo en Madrid y que es madrileña protagonista del segundo ámbito de la muestra.
La preferencia del Greco por las composiciones verticales, el alargamiento de las figuras, la tensión dramática y el colorido vibrante, son muy notorios en sus últimas obras, como este retablo, en cuyo cuadro central Anunciación, se destaca un fuerte fulgor y el coro de ángeles en la zona superior culmina el efecto vertical de la composición. Luces y nubes vinculan el mundo terrenal con el celestial en el Bautismo de Cristo, y la luz acentúa el patetismo en La Crucifixión, donde el dinamismo de los personajes contrasta con la geométrica realidad del Cristo en la cruz. Casi desmaterializado, el Cristo de Resurrección asciende como espíritu puro ante el asombro de los soldados.
Otro sector de la muestra está dedicado a los legados y donaciones que entre 1915 y 1962 aportaron al Prado obras, como el «San Sebastián», donación de la Marquesa de Casa Riera en 1959, o las dos excepcionales esculturas de Epimeteo y Pandora, donadas por la viuda del Conde de las Infantas en 1962.
La última sala reúne las obras compradas por el propio Museo piezas emblemáticas como «La Adoración de los pastores»; aspectos de su obra que no estaban representados, como las series de apóstoles; o de temáticas no religiosas como «Fábula», un magnífico lienzo en el que un muchacho que sopla sobre un tizón es contemplado por un mono y un hombre barbado. El conjunto iluminado por las brasas remite a los planteos estéticos de los italianos Jacopo y Leandro Bassano, a quienes El Greco había conocido en Venecia.
De la época anterior a su llegada a España, El Prado conserva una pequeña tabla, «La Anunciación» que tiene resonancias del Tintoretto en la concepción del espacio, por medio de la perspectiva arquitectónica, el rico colorido y la suave luminosidad. A esa fase corresponde la última de las adquisiciones, «La Huida a Egipto», que ingresó en el Prado en el año 2000.
Continuando con su proyecto de revisión completa de su colección por medio de publicaciones que presenten los trabajos de investigación del Museo sobre de los distintos artistas, épocas y escuelas, la muestra «Los Grecos del Prado», está acompañada con un catálogorazonado realizado por Leticia Ruiz. Una oportunidad indiscutible para los argentinos que pasen sus vacaciones en España.
También el Reina Sofía reciclado por el gran arquitecto francés Jean Nouvel, que exhibe obras de Le Corbusier como pintor y arquitecto (que ya comentamos en esta sección el mes pasado).




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