20 de noviembre 2003 - 00:00

El Hollywood del siglo XXI apuesta nuevamente al serial

Uma Thurman en Kill Bill
Uma Thurman en "Kill Bill"
T al vez no en contenido, pero sí en lo formal, algunas de las mayores superproducciones del Hollywood moderno están buscando parecerse a los viejos seriales, tanto los mudos tipo «Los peligros de Paulina» o «Les Vampires», como los Flash Gordon y Buck Rogers de la década de 1930.

Estos nuevos seriales superproducidos comenzaron a ser aceptados por el gran público con la primera entrega «El señor de los anillos» de Peter Jackson, una idea audaz, pero razonable desde el punto de vista de intentar algo tan difícil como la adaptación de una saga literaria publicada originalmente en tres tomos. El público ya venía aceptando la entrega de «La guerra de las galaxias» por episodios, e hizo lo mismo con la narrativa trunca de las dos secuelas de «Matrix», estrenadas con éxito este año. Sin embargo, de aceptar la espera de un año completo para ver cada uno de los dos films siguientes de «El señor de los anillos», a tener que ver cómo una sola película es dividida en dos por el inflexible sable de Miramax, ya es otra cosa, que obliga a un análisis más detenido de este extraño fenómeno. Porque, a diferencia de todos los títulos mencionados, a «Kill Bill», Quentin Tarantino lo pensó como un solo film, de duración larga pero no superior a la de muchas películas clásicas y recientes, y la idea de convertir esa unidad en dos películas ocurrió en la mitad de la producción. La división, no afectó el éxito comercial e incluso crítico del nuevo film de Tarantino, aunque sí provocó detalles insólitos como especialistas de cine negándose a comentar «la mitad de un film».

El fenómeno de los dobles o triples programas en continuado explotó a comienzos del cine sonoro. La Gran Depresión provocó la necesidad de atraer al público a los cines ofreciéndoles más tiempo de diversión -y techo, y calefacción-por su dinero. Obviamente había una película importante, y mucho relleno, lo que se puede traducir en un film clase A, uno o dos films clase B -a veces mejores que el título Clase A, pero siempre más baratos, más breves y con estrellas menos rutilantes-y, casi al fondo del barril, generalmente abriendo la sesión, un episodio de un serial. Eran historias de aventuras, fantasía y en muchos casos westerns, que duraban unos pocos actos, contando una historia que se arrastraba desde semanas atrás, y que siempre dejaba al héroe colgado de un precipio (de ahí su denominación «cliffhanger serials»). Igual que la enfermera de «Misery» de Stephen King, muchos espectadores quedaban traumatizados durante una semana preocupados por el destino de su héroe. El fin de semana siguiente, el enigma quedaba resuelto, y todos contentos.

Uno de los detalles revolucionarios de la primera «Star Wars» de George Lucas, era el guiño a los viejos seriales, ya olvidados y enterrados en 1977 (en la TV de fines de 1960, el «Batman» de Adam West ya había jugado burlonamente con ese formato).

Justamente, sin el éxito probado de dichas trilogías, nadie jamás le hubiera hecho caso a Peter Jackson y su afán por adaptar la trilogía de Tolkien en tres films. Aquí no puede haber muchas quejas, excepto que la película trunca de Ralph Bakshi sobre la misma novela contaba lo mismo que la mitad del metraje de Jackson en la mitad del tiempo, de manera bastante más entretenida y fiel al espíritu original de los tres libros. Bakshi no contó con el apoyo de su productor, y no pudo filmar la segunda película que contaría la mitad del segundo libro y el último volumen de Tolkien.

Si se tiene en cuenta que John Huston, en «La Biblia» no trató de contar entero el Antiguo Testamento, y se conformó con llegar hasta el sacrificio de Isaac, se podría decir que el empeño de Jackson en hacer un film por libro de Tolkien, quizá no se deba sólo al respeto a la saga de la Tierra Media, sino por una sorprendente visión comercial que no para de darle dividendos.

Pero, con la excepción de
Jackson y su noble respeto a Tolki en, tuvieron que aparecer las dos secuelas de «Matrix» para capitalizar el inédito potencial comercial de los seriales estilo siglo XXI.

Con todo lo bueno que tienen para mostrar los dos recientes opus de los hermanos
Wachowski, cualquier buen editor podría sintetizar lo que se narra en los dos films en un buen montaje de poco menos de 3 horas; siempre más breve que «Dr Zhivago», «Lawrence de Arabia» o «Los siete samurais», sin superar demasiado el metraje de clásicos de la ciencia-ficción moderna como «2001, Odisea del espacio» o «Solaris». Incluso, si era necesario cortar la historia en dos, había muchas opciones menos abruptas que la del estado de coma de Neo ( Keanu Reeves). Evidentemente ese final digno de un serial fue una opción deliberada de sus directores/guionistas.

La estrategia de las dos nuevas
«Matrix» rindió en la taquilla, y a favor de los Wachowski y el productor Joel Silver se puede decir que jugaron limpio: la idea de continuar con dos películas fue aclarada desde el primer momento, y el segundo film terminaba con un adelanto del tercero, igual que un viejo episodio de la serie «Batman».

El caso de
«Kill Bill» es totalmente distinto. Tarantino venía preparando desde hace años su nuevo film, sin divisiones de ningún tipo. La historia, de su autoría, no tenía en absoluto las características de una saga: Uma Thurman es una ex asesina brutalmente atacada por su ex jefe y su banda justo en medio de su boda. Dada por muerta, pasa varios años en coma, y un buen día despierta para vengarse de todos los que truncaron su vida, empezando por su jefe, Bill.

La extrema violencia y duración de casi tres horas es algo que favoreció a
Tarantino en «Tiempos violentos» (Pulp Fiction), la película que ayudó más que ninguna otra a que Miramax sea lo que es hoy. Sin embargo, el gran jefe del estudio, Harvey Weinstein, presionó al director a cercenar el metraje y sobre todo las escenas más fuertes, hasta que encontraron una solución increíble: convertir un solo film en dos, y estrenarlos uno en noviembre de este año y el otro a fin de febrero de 2004 (en la Argentina la primera parte se estrena el 27 de noviembre, y el «Vol 2» llega recién en marzo de 2004). Como la duración de tres horas no justificaba tal división, Tarantino agregó personajes y escenas accesorias.

•Sinrazón

Sin una fuente literaria como la saga de Tolkien que justifique la división, ni mucho menos una duración más extensa que tanto film de más de 3 horas, ni una trama que se divida en dos de un modo natural, el truco de Miramax podría haber terminado en desastre. Antes del estreno estadounidense, el mismo Tarantino lució muy preocupado, apareciendo totalmente alcoholizado en el show de Jay Leno, y faltando a su propia premiere. Un solo crítico de primer nivel, Joel Siegel de «Good Morning America» de ABC News, se negó a hacer su habitual comentario hasta ver la segunda mitad de «Kill Bill» («No puedo juzgar un film por su primera mitad, del mismo modo que no podría opinar sobre una obra de teatro sin ver más que su primer acto», dijo).

Algunos otros colegas de
Siegel se mostraron molestos con la separata, aclarando su incapacidad para discernir algunos detalles del argumento hasta no ver la segunda mitad. Alguno también se burló de Miramax y su declaración de no haber dividido el film por razones comerciales. Según James Bernardinelli, «entonces Miramax debería dejar entrar gratis a ver 'Kill Bill vol 2' a cualquier espectador que muestre la entrada de Vol 1').

Entendiendo que antes los productores solucionaban las duraciones mas largas de lo común con cortes de carnicero que se acrecentaban en siguientes estrenos internacionales de un film, la estrategia de Miramax y «Kill Bill» es casi única en la historia del cine y su punto más criticable es la distancia de varios meses entre el estreno de ambas partes. No hace falta ser muy perspicaz para saber que en «Kill Bill vol 2», Uma Thurman seguirá liquidando a todos los bastardos que la atacaron en su boda, y una trama tan simple no merece dejarse congelada tantos meses.

Los únicos antecedentes de
«Kill Bill» son dos sagas legendarios de la década de 1970, ambas de más de 4 horas que, en su versión integral, se estrenaron en dos partes separadas, como «Novecento» de Bernardo Bertolucci (dividida en Acto 1 y Acto 2) o «Ludwig», de Luchino Visconti, que sólo en Alemania y unos pocos países de Europa se dividió en dos partes. Claro, en ambos casos cada parte duraba dos horas, y la segunda parte se estrenaba apenas un mes después de la primera, como para no tener a nadie en vilo más de lo necesario. Sólo que en aquellos tiempos no había DVD: obviamente, un par de semanas antes del estreno de «Kill Bill vol 2», el primer volumen estará disponible en DVD, ya que en estos tiempos convertir un solo film en un serial de lujo no sólo incluye vender dos entradas por una misma película, también hay dos CDs con la banda sonora, dos DVDs y un largo etcétera hasta llegar al DVD unificado al mejor estilo de la saga de «El Padrino».

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