20 de noviembre 2003 - 00:00
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Uma Thurman en "Kill Bill"
Pero, con la excepción de Jackson y su noble respeto a Tolki en, tuvieron que aparecer las dos secuelas de «Matrix» para capitalizar el inédito potencial comercial de los seriales estilo siglo XXI.
Con todo lo bueno que tienen para mostrar los dos recientes opus de los hermanos Wachowski, cualquier buen editor podría sintetizar lo que se narra en los dos films en un buen montaje de poco menos de 3 horas; siempre más breve que «Dr Zhivago», «Lawrence de Arabia» o «Los siete samurais», sin superar demasiado el metraje de clásicos de la ciencia-ficción moderna como «2001, Odisea del espacio» o «Solaris». Incluso, si era necesario cortar la historia en dos, había muchas opciones menos abruptas que la del estado de coma de Neo ( Keanu Reeves). Evidentemente ese final digno de un serial fue una opción deliberada de sus directores/guionistas.
La estrategia de las dos nuevas «Matrix» rindió en la taquilla, y a favor de los Wachowski y el productor Joel Silver se puede decir que jugaron limpio: la idea de continuar con dos películas fue aclarada desde el primer momento, y el segundo film terminaba con un adelanto del tercero, igual que un viejo episodio de la serie «Batman».
El caso de «Kill Bill» es totalmente distinto. Tarantino venía preparando desde hace años su nuevo film, sin divisiones de ningún tipo. La historia, de su autoría, no tenía en absoluto las características de una saga: Uma Thurman es una ex asesina brutalmente atacada por su ex jefe y su banda justo en medio de su boda. Dada por muerta, pasa varios años en coma, y un buen día despierta para vengarse de todos los que truncaron su vida, empezando por su jefe, Bill.
La extrema violencia y duración de casi tres horas es algo que favoreció a Tarantino en «Tiempos violentos» (Pulp Fiction), la película que ayudó más que ninguna otra a que Miramax sea lo que es hoy. Sin embargo, el gran jefe del estudio, Harvey Weinstein, presionó al director a cercenar el metraje y sobre todo las escenas más fuertes, hasta que encontraron una solución increíble: convertir un solo film en dos, y estrenarlos uno en noviembre de este año y el otro a fin de febrero de 2004 (en la Argentina la primera parte se estrena el 27 de noviembre, y el «Vol 2» llega recién en marzo de 2004). Como la duración de tres horas no justificaba tal división, Tarantino agregó personajes y escenas accesorias.
•Sinrazón
Sin una fuente literaria como la saga de Tolkien que justifique la división, ni mucho menos una duración más extensa que tanto film de más de 3 horas, ni una trama que se divida en dos de un modo natural, el truco de Miramax podría haber terminado en desastre. Antes del estreno estadounidense, el mismo Tarantino lució muy preocupado, apareciendo totalmente alcoholizado en el show de Jay Leno, y faltando a su propia premiere. Un solo crítico de primer nivel, Joel Siegel de «Good Morning America» de ABC News, se negó a hacer su habitual comentario hasta ver la segunda mitad de «Kill Bill» («No puedo juzgar un film por su primera mitad, del mismo modo que no podría opinar sobre una obra de teatro sin ver más que su primer acto», dijo).
Algunos otros colegas de Siegel se mostraron molestos con la separata, aclarando su incapacidad para discernir algunos detalles del argumento hasta no ver la segunda mitad. Alguno también se burló de Miramax y su declaración de no haber dividido el film por razones comerciales. Según James Bernardinelli, «entonces Miramax debería dejar entrar gratis a ver 'Kill Bill vol 2' a cualquier espectador que muestre la entrada de Vol 1').
Entendiendo que antes los productores solucionaban las duraciones mas largas de lo común con cortes de carnicero que se acrecentaban en siguientes estrenos internacionales de un film, la estrategia de Miramax y «Kill Bill» es casi única en la historia del cine y su punto más criticable es la distancia de varios meses entre el estreno de ambas partes. No hace falta ser muy perspicaz para saber que en «Kill Bill vol 2», Uma Thurman seguirá liquidando a todos los bastardos que la atacaron en su boda, y una trama tan simple no merece dejarse congelada tantos meses.
Los únicos antecedentes de «Kill Bill» son dos sagas legendarios de la década de 1970, ambas de más de 4 horas que, en su versión integral, se estrenaron en dos partes separadas, como «Novecento» de Bernardo Bertolucci (dividida en Acto 1 y Acto 2) o «Ludwig», de Luchino Visconti, que sólo en Alemania y unos pocos países de Europa se dividió en dos partes. Claro, en ambos casos cada parte duraba dos horas, y la segunda parte se estrenaba apenas un mes después de la primera, como para no tener a nadie en vilo más de lo necesario. Sólo que en aquellos tiempos no había DVD: obviamente, un par de semanas antes del estreno de «Kill Bill vol 2», el primer volumen estará disponible en DVD, ya que en estos tiempos convertir un solo film en un serial de lujo no sólo incluye vender dos entradas por una misma película, también hay dos CDs con la banda sonora, dos DVDs y un largo etcétera hasta llegar al DVD unificado al mejor estilo de la saga de «El Padrino».




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