«Eva». Cor. y Dir.: Eva Yerbabuena. Mús.: P. Jarana. (Teatro Avenida). Eva Yerbabuena, bailarina flamenca de impresionante técnica, y una potente personalidad que la hace sensible y calma por tramos, y en otros fiera y pasional, redondea un perfil rico en opuestos, sin parangón en la actualidad internacional cuando de baile femenino se habla. La musicalidad es otro elemento infaltable en la danza de Yerbabuena, quien calcula y revaloriza el espacio escénico.
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Los ancestros gitanos, el arte de las etnias de la Andalucía medieval y las añejas búsquedas expresivas hechas de misterio y economía de recursos se funden en el baile de Yerbabuena a una preparación técnica y dramática de vanguardia, calificando a la artista granadina como un exponente posmoderno de la danza flamenca. Con una precisión y una dosificación rítmica categóricas, con un ondular de brazos y manos arrollador y un vehemente bamboleo de la cintura, la bailaora de «Eva» es una excepcional exponente de la cultura flamenca, en su costado más genuino.
No está sola, por cierto. La acompaña un perfectamente disciplinado ensamble coreográfico constituido por tres mujeres y dos hombres también de buena técnica. Tres cantaores, dos guitarristas, un percusionista, y un ejecutante de aerófonos (flauta y saxo) completan un staff de rara calidad.
La estructura del espectáculo es circular: abre y cierra con la misma imagen. Eva baila con la música de un antiguo fonógrafo. El sonido se oye con los típicos ruidos de los viejos discos de pasta. Ataviada con ropas de un principio de siglo impreciso, la estupenda bailarina da en ese momento un compendio de su creatividad dancística. Manos, cintura, pies, brazos y rostro componen un perfil artístico de suma autenticidad y como suspendido en un segmento temporal con lazos hacia un pasado remoto y dirigido a un futuro hipermoderno y de absoluta sensibilidad recuperada de la historia de una España gitana y árabe, arcaica y judía, de reyes y mendigos.
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