Si dentro de unos años alguien quiere saber cómo vivía la crisis el interior argentino, mejor que los registros de noticieros televisivos, con los punteros gritando a cámara, y fondo de murga de gente que va porque está la televisión, mucho mejor es este sencillo y tranquilo documental hecho por el mismo grupo, Boedo Films, que años atrás hiciera «Fantasmas en la Patagonia», sobre la vida cotidiana en un pueblo abandonado.
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Esta vez, el pueblo que abordaron, en largos meses de registro en sonido directo y tono calmo, fue Cutral Có. De allí el nombre de la película: en mapuche, cutral có significa agua de fuego, que era como los indios llamaban a las napas superficiales de petróleo.
El petróleo existe, y las cansinas máquinas lo siguen bombeando, lenta y continua-mente, ahí en el desierto. Pero, como se sabe, la mayo-ría del pueblo ya no tiene trabajo en ese negocio y hoy se las rebusca con changas. A cinco años de su famosa pueblada (tan ajena a los piquetes de ahora), la gente muestra cómo siguió la cosa. «Ese fue un sueño cortito nomás», evoca una anciana.
Cuentapropistas, cuentas impagas y gente cansada, pero de buen humor alternan con un burócrata de pueblo haciéndose el importante, gente esperando que les digan cuándo van a cobrar, o comentando cómo los contratos del plan Trabajar se renuevan o se anulan a gusto, la merienda de mate y pochoclo, niños que van bien peinaditos a la iglesia, adolescentes cerveceros de risas amargas (escépticos, en vista de la experiencia laboral de sus padres), un pastor chileno clamando por la aceptación del apocalipsis, la asamblea de hombres cautos, cansados de pelea, una sencilla ceremonia de Navidad en la parroquia y una cena de Navidad, aún más sencilla (el padre de familia, sonriente y callado), viñetas, en suma, de un país real, captado sin amarillismo, y sin panfletarismo. Justamente, uno de los mayores méritos del grupo es poner siempre lo humano en primer término. Eso sí, como resumen, la mencionada anciana también dice: «No han llegado fuentes genuinas de trabajo. Todo lo que se ve es subsidio. No le estamos dando nada al país». Y agrega con toda calma: «No vamos a dar la gracias, porque igual nos han robado».
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