13 de julio 2000 - 00:00

"EL PATRIOTA"

L a independencia de los Estados Unidos pocas veces tuvo suerte en el cine. De eso puede dar fe Al Pacino luego de su desastrosa «Revolución». Es evidente que el alemán Roland Emmerich no tuvo eso en cuenta a la hora de convertir a Mel Gibson en el heroico organizador de las milicias de Carolina del Sur en la lucha de guerrillas contra el ejército del Rey Jorge.Poner al director de «Godzilla» al mando de un drama histórico quizá no parezca la idea más equilibrada del mundo, y sin embargo los ejecutivos de Columbia no dudaron un instante en darle la montaña de millones de dólares necesaria para vestir de época a miles de extras, construir decorados, organizar batallas y hasta lograr algunos breves minutos de espectaculares combates navales (por suerte las nuevas tecnologías digitales hacen que este tipo de tareas sean más factibles que en otros tiempos). Pero los distintos estilos que se mezclan en este producto no pueden no darle un carácter híbrido a «El patriota». En sus mejores momentos parece una versión moderna de héroes tradicionales como el Zorro (o el adalid revolucionario que interpretó Cornel Wilde en «The Scarlet Pimpirnel»).

•xcesos
En este pasaje, que ocupa el centro del film, Mel Gibson es un simpático revolucionario que se burla de los ingleses robándole sus perros gran daneses al general opresor, y arruinándoles una lujosa fiesta volándoles su barco de provisiones. Pero en distintas partes de las excesivas dos horas cuarenta minutos de proyección el film intenta ser un auténtico drama histórico, y en varios otros pasajes se convierte en un melodrama lacrimógeno sin nada que envidiar a muchos viejos culebrones del Hollywood de los '40. Para acentuar estas características híbridas, las escenas violentas adoptan formas a veces extremistas, incluyendo imágenes ultragore de cañones arrancándoles cabezas y miembros a los soldados.
Desde un punto de vista histórico, lo peor quizá sea la indulgencia con que se trata temas como el de los esclavos y como entretenimiento la queja sería por la cantidad de tiempos muertos, sobre todo en la primera media hora. Pero, en conjunto,
«El patriota» funciona razonablemente como gran espectáculo épico, condimentado con batallas impactantes, mucha violencia, algo de lujo en la escenografía y el vestuario y una sólida actuación de Mel Gibson, mucho más honesto y riguroso de lo que el desparejo guión realmente merecía.

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