19 de agosto 2005 - 00:00

El testimonio de una arrepentida

El testimonio de una arrepentida
Estrenado poco después de «La caída» (que aún no ha aparecido en DVD), este notable film funciona como su complemento documental. Traudl Junge, la secretaria de Hitler, cuyas memorias son fuente del largometraje, habla a cámara. A diferencia de tantos testimonios de partícipes del régimen, Junge no niega su complicidad emocional con el dictador ni miente diciendo que «no sabía nada». Habla de un «punto ciego», que le imposibilita relacionar su conciencia de los crímenes contra la humanidad con su propio pasado.

A los 82 años, la anciana (que murió muy poco después del rodaje) continuaba siendo incapaz de que su lúcido conocimiento de la historia barriera con sus emociones culpables. Junge declara haber admirado a Hitler (y el espectador entiende, inconfundiblemente, «amado»), y nunca se desdice. A diferencia de la cineasta Leni Riefensthal, que en un film similar sólo se enoja con el entrevistador y farfulla que ella «no sabía nada», Junge intenta conciliar lo inconciliable, conciencia y emociones, lo que da lugar a un testimonio cuyas contradicciones sólo son aparentes. En el film, la continuidad del testimonio a cámara sólo está interrumpida por dos buenos recursos: los bloques temáticos, que a veces cesan con algún silencio prolongado, y por planos diferentes en que a veces aparece Junge observándose a sí misma en un monitor, evaluando lo que acaba de decir, a veces con mirada recriminadora. «Cuando me escucho todo suena tan banal», observa. «Todo tan banal y con resultados tan terribles. A medida que envejezco, más culpable me siento. He leído mucho, por ejemplo libros como el de Victor Klemperer, y no puedo perdonarle a esa joven que fui haber aceptado ese trabajo.»

Marcelo Zapata

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