22 de septiembre 2003 - 00:00
"El Zorro perdura por ser humano, no puro plástico"
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Comienza el Festival Internacional Cámara Corporizada con más de 40 películas de 20 países
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Disponible en Netflix: la película que se estrenó hace 30 años y es la favorita de millones
Periodista: ¿Cómo se le ocurrió resucitar al Zorro en medio de tanto personaje futurista y tanta cibernética?
Fernando Lúpiz: Confiaba en su halo romántico y justiciero. Hay mucho plástico, mucho rayo y mucha mentira en los héroes que consumen los pibes; en cambio, el Zorro es un personaje muy humano que fascina a grandes y chicos. Es alguien que defiende al pueblo con elementos muy nobles. Guy siempre decía que el personaje había tenido tanto impacto en Latinoamérica por sus ideales de justicia.
P.: En uno de los últimos capítulos de «Los simuladores» se lo vio practicando esgrima con Santos, el cerebro del grupo ¿Lo consideró un homenaje?
F.L.: Yo lo sentí así. Gracias a Dios puedo decir que figuro en la historia del deporte nacional y esto se lo debo a mi padre Enrique Lúpiz, que fue mi maestro y que, además, por esas casualidades de la vida tuvo el mismo profesor de esgrima que Guy. Yo, por mi parte, soy buen deportista en general y nunca necesité dobles ni siquiera cuando grabábamos las escenas de choques en «Detective de señoras». A mí me encanta hacer ficción, ahora me ofrecieron conducir un programa, pero todavía estoy evaluando la propuesta. Hace poco hice de psicópata en «Soy gitano» y disfruté mucho de esa experiencia, porque me exigió una composición bien alejada del estereotipo.
P.: Usted estuvo a punto de filmar una película con Guy Williams, con producción de Palito Ortega...
F.L.: Sí, se iba a llamar «El zorro vivo o muerto» y fue una terrible frustración para Guy que no se concretara. Todavía tengo el guión en casa, es muy bueno. Se trataba de un proyecto muy ambicioso, con grúas y helicópteros. Guy calculaba que iba a costar más de dos millones y medio de dólares, quería que lo dirigiera Lucas Demare. Incluso llegamos a reunirnos con él, pero al final tuvimos un desenlace muy feo porque Ortega quería imponer a Carlos Balá para el papel de Bernardo (el criado mudo). Nosotros no teníamos nada en contra de él, además yo lo respeto mucho como artista, pero Guy no hacía más que decirme: «Balá es flaco, alto y con flequillo ¿Te imaginas a Bernardo haciendo `sasasa, sasasa'?» Después de esa gran frustración volvió a California, pero al poco tiempo retornó a la Argentina...
P.: Donde lo sorprendió la muerte. ¿Fue usted quién se ocupó de que los restos de Williams fuesen enterrados en el panteón de actores de la Chacarita?
F.L.: Sí. Guy fue una persona muy importante para mí; más que un amigo y consejero él fue mi segundo padre. Lo que sucedió con la Asociación de actores fue que sus directi vos se negaron a recibirlo en el panteón de actores. Eso me indignó muchísimo porque Guy había hecho aportes a la asociación por cada trabajo que realizaba.Así que le dije al presidente de ese momento: «Si ustedes no me lo aceptan, les destruyo todo el edificio». El hombre, me pidió que me calmara y me prometió interceder ante los otros directivos. Finalmente lo pudimos enterrar con todos los honores. Asistieron muchos artistas a su velorio: Mirtha Legrand, Ricardo Darín... y también logramos que la Embajada de Estados Unidos le pusiera la bandera y dos soldados de escolta.
P.: Pero tuvo que pasar mucho tiempo para que usted se decidiera a llevar al Zorro al teatro.
F.L.: Lo hice al cumplirse diez años de su muerte, porque me lo sugirió un amigo, y yo acepté porque quería homenajearlo. El espectáculo fue un éxito y ahí me di cuenta de que en cierta forma Guy me había nombrado su heredero y seguía velando por mí. Haga lo que haga como actor --comedia, drama, aventura, lo que sea-, siempre voy a tener un lugar para el Zorro. Es un personaje que tiene mucho que ver con los valores que inculca el esgrima. Ser esgrimista es como ser un mosquetero del rey, aprendés a ser caballero con las damas, a solucionar cualquier problema que se presente y a utilizar tu inteligencia para resolver cualquier conflicto que surja en un grupo humano. Así estuviéramos en el 2008 estas reglas seguirían siendo las mismas, al menos para mí.
Entrevista de Patricia Espinosa




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