10 de diciembre 2000 - 00:00

Elenco juvenil distorsiona a Sartre

 

«A puerta cerrada», de J. Paul Sartre. Dir.: P.Hart. Esc.: L. Fridman. Vest.: M. Stecho. Int.: M. Priorello, M. Navarro, D.Grinfeld, S. Riera. (Andamio 90.)

 

 

P erfecta en su formulación conceptual, lapieza de Jean Paul Sartre, «A puerta cerrada», tiene además el atractivode que los tres personajes están trazados con firmeza y coherencia. Sartre fueun drama-turgo habilísimo, que supo expresar sus ideas sin transformar a suscriaturas en simples portavoces.

El traidor y cobarde Garcin, la ninfomaníacainfanticida y la lesbiana Inés cuyo verdadero pecado es la maldad, soncondenados después de la muerte a un sufrimiento eterno.

Sufrimiento que no consiste en ser torturados pordiablos con tridentes, como lo expresa irónicamente el camarero. Sino sencillamenteen el tormento que pueden infligirse recíprocamente. La ley de lascorrespondencias funciona a la perfección: «como es arriba es abajo». Sonellos mismos los que eligen su propio infierno. Acostumbrados a la oscuridad ya la maldad, se vuelven a ella después de la muerte porque son atraídos haciaellas.

«El infierno son los otros», sostiene Sartre.En realidad, cada uno lleva el infierno dentro de sí y sencillamente nopuede renunciar a él.

Cuando se abre la puerta y Garcin tiene laposibilidad de escapar como lo hizo cuando traicionó a sus compañeros, sucobardía lo hace volverse. Después de todo, no sabe con qué se encontrará sitraspone el umbral. Sartre se hace eco de los pensamientos de Swedenburgy los ilustra magistralmente.

La acción de la pieza está en el texto. Sintético ycruel, expone con brutalidad lo que cada uno de los personajes lleva adentro.La pieza es también un apasionante ejercicio psicoanalítico.

 

 Movimiento

 

Patricia Hart opta por una puesta en la que elmovimiento corporal trata de suplir las falencias: los jóvenes actores no seestán quietos ni un momento y seguirlos resulta agotador. La tarea es demasiadoardua como para que la emprendan quienes no están dotados de un oficioimpecable. Es digno de alabar el hecho de que hayan elegido esta pieza y lahayan vertido sin cambiar una coma. Pero, aunque el texto ha sido respetado, lamodalidad interpretativa distorsiona su sentido.

Poco a poco el teatro ha deja-do de asemejarse a uncirco. Las piezas que apelan a las ideas, vuelven a ganar espacio y los actoresde la nueva camada se enfrentan a la necesidad imperiosa de hacerse escuchar.Esta parte de la técnica ha sido descuidada en los últimos tiempos y estafalencia se hace cada vez más evidente.

De los cuatro integrantes del elenco, la másinteresante es Marina Navarro, que compone a Inés. Tiene el tipoadecuado y cierta intensidad que la hace más creíble. El estilo al que apela SantosRiera, que interpreta al camarero es más propio de un café concert que deuna pieza filosófica.

La escenografía de Liliana Fridman y el vestuariode Mona Stecho acentúan las distorsiones.

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