10 de junio 2003 - 00:00

"En Beckett también hay mucho humorismo"

En Beckett también hay mucho humorismo
Miguel Guerberof acaba de estrenar la pieza de Samuel Beckett, «Todos caen», en «El ombligo de la luna» (Anchorena 364). Su puesta tiene música de Bob Telson (respon-sable de la banda de la película «Café Bagdad»), quien ahora vive en la Argentina. «Todos caen» es la primera obra de Beckett escrita para radio, pero su estructura de viaje y su humor desbordante le otorgan un singular atractivo.

En ella, Maddy Rooney es una septuagenaria que va a buscar a su marido ciego a la estación de tren y en el camino se va encontrando con personajes tan pintorescos como ella. Ya de regreso mantiene con su esposo una conversación humorística sobre la muerte, el deterioro, la soledad, la incomunicación y otros tópicos becketianos de los que ambos se burlan a pesar de sufrirlos en carne propia.

El elenco está integrado por Paula Morgan, Damian Casermeiro, Gerardo Baamonde, Mario Mahler y Laura Caccamo. Guerberof frecuentó la obra de Beckett en incontables ocasiones. En el ambiente teatral se lo considera un especialista, pero su pasión por el autor irlandés no es menor a la que siente por Shakespeare, de quien llevó a escena algunas de sus obras menos conocidas (como «Cuento de invierno», «Todo está bien si termina bien» y «Para todos los gustos»). El 28 de junio tiene planeado estrenar una nueva versión de «Timón de Atenas». Dialogamos con él.

Periodista
: Usted siempre consideró a Beckett su maestro. ¿Qué aprendió de él en todos estos años?

Miguel Guerberof: Aprendí a conocer a Beckett directamente sobre el escenario. Antes inter-pretaba su obra como una especie de agonía, ahora en cambio descubrí en él mucho más humor e ironía. No es que le dé un sentido optimista a su obra, sino que todo me parece una gran mascarada: ya que los dioses han muerto lo único que nos queda es reírnos de nuestra propia tragedia, de nuestra imposibilidad y de nuestro desamor. Entre otras cosas, Beckett me ayudó a conocer a Shakespeare, que está presente en todas sus obras y que fue su gran referente cultural y poético. También me enseñó que estamos atados al lenguaje y que ésa es nuestra verdadera conciencia, ese pozo adonde va a caer todo y que solo podemos descifrar a través del lenguaje mismo. Beckett enseña a tirar abajo todo lo efímero y estúpido de la ilusión, porque uno trabaja con lo que ocurre y acontece, no con lo que imagina que ocurre y acontece. Lo más importante es hacerse cargo de lo que uno dice, ahí está la clave.

P.:
Los protagonistas de la obra debaten los temas más serios en un tono despreocupado y a veces muy burlón, pero de repente se cargan de angustia.

M.G.: A mí me divierte mucho ver este espectáculo. En él está todo Beckett y, para colmo, riéndose de sus propias invenciones. Es un autor que siempre incita a ir más allá de la tradición cultural y a preguntarnos por las cosas que realmente nos inquietan. Pero enfrentarse a la esencia de las cosas coloca en un lugar de mucha indefensión. Creo que por eso suele poner en sus obras a esa especie de tara-dos casi inermes.


P.:
¿Cómo logró que Bob Telson compusiera la música de esta obra?

M.G.: Nos conocimos porque estamos casados con dos hermanas, Bob con Isabel y yo con Grace. El vive en Nueva York, pero decidió quedarse en la Argentina durante un año. Ahora empezó a trabajar con el director Percy Adlon en la adaptación (para comedia musical) de «Bagdad café». Piensan estrenarla en Barcelona. No quieren saber nada con Broadway, dicen que es mal lugar porque allá la producción de musicales está muy adocenada y sólo responde a intereses comerciales. Estuvieron trabajando durante un mes en Buenos Aires. Ahora Bob se fue a Estados Unidos a hacer el casting de la obra. La música que hizo para «Todos caen» es bellísima. Beckett indica que debe ser «La muerte y la doncella» de Schubert pero a mí criterio ya fue utilizada demasiadas veces.


P.:
¿A qué edad descubrió a Beckett?

M.G.: Lo leí por primera vez a los 18 años, cuando mi maestra de teatro lo tradujo del italiano. Una vez me preguntó Ariel Ramírez por qué me gustaba tanto Beckett si todos sus personajes los había tomado de los clochards que deambulan junto al Sena. Lo que pasa en que en Mendoza siempre hubo muchos linyeras, «curados» como le decimos allá. «Se curó» quiere decir «se emborrachó». Uno ve a esos tipos tirados junto a la desembocadura del río Mendoza y enseguida piensa en los personajes de Beckett. Es que él escribió sobre el detritus, sobre los restos de nuestra civilización y cultura.


P.:
¿Y cómo fue su encuentro con Shakespeare?

M.G.: Más precoz. Vi «Hamlet» a los 7 años porque mi madre estaba enamorada de Laurence Olivier, como todas las mujeres de su generación. Yo no quería entrar, pero me convenció porque, como a mí me gustaban las películas de capa y espada, me mostró una fotografía del duelo entre Laertes y Hamlet. Así que entré y empecé a ver a un se-ñor platinado que decía cosas que no entendía mucho, pero desde entonces ya nunca más me desprendí de Shakespeare
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Entrevista de Patricia Espinosa

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