30 de mayo 2003 - 00:00

"EN CONSTRUCCIÓN" (30/05/03)

«En construcción» (España, 2001, habl. en español). Guión y dir.: J.L. Guerin. Int.: J. Rodríguez, I. Guzmán, A.A. el Mountasir, J. López, S. Segade.


A lo largo de casi tres años, el singular José Luis Guerin («Tren de sombras», pero también «Innisfree», que, digan lo que digan, es un plomo) siguió la demolición de una parte del Raval de Barcelona, y la edificación de un monoblock de modernos departamentos que cambiaría no sólo el paisaje urbano, sino también el tipo de habitantes. Aclaremos: este Raval es más conocido como el Barrio Chino, residencia de variopintos personajes no siempre recomendables.

El autor nos muestra entonces las etapas del cambio urbanístico, la gente que lo hace, los vecinos que deberán alejarse, y los primeros nuevos inquilinos. Da para discutir hasta dónde, y en qué partes exactamente, su película es un documental, ya que abunda en situaciones evidentemente «armadas», por más que los intérpretes estén representando -se supone-su propia vida. Esto es evidente sobre todo en el seguimiento de una prostituta y su joven proxeneta, la dupla más en pose y menos simpática, que encima ocupa muchísimo metraje.

En cambio la mejor parte suena totalmente cierta, aunque también quepan sospechas menores. ¿Cuál es esa parte? Cuando los obreros descubren una necrópolis ro-mana bajo la calle, y el trabajo se interrumpe para dar paso a los arqueólogos, mientras la tele y los curiosos hacen los comentarios más diversos, en una gama que va de lo risueño a lo descostillante. Según el productor, que estuvo hace un año en Buenos Aires, aquello se tomó con varios teleobjetivos y micrófonos direccionales a lo largo de dos días, con un criterio cercano al de la cámara oculta. Como fuere, el resultado es antológico, y es una lástima que esté casi al comienzo, porque uno queda engolosinado, y en comparación el resto se hace menos atractivo.

Gusta, de todos modos, seguir a los que se mudan, o a los que quedan, y seguir también el posible romance, de balcón a balcón, entre un joven albañil y la vecinita recién conocida, o las filosofales conversaciones entre un marroquí medio poeta y su jefe, un capataz gallego. Como además el marroquí es de izquierda, se hace divertido cuando quiere explicarle eso de la lucha de clases al jefe gallego. Y tierno, cuando ambos celebran juntos la Navidad. Poco importa aquí que sus conversaciones también suenen armadas, y hasta se acepta que propicien un guiño cinéfilo sobre otra cinta de constructores, «Tierra de faraones». Como en el fondo tampoco importa demasiado, aunque, ya dijimos, pueda discutirse, si esto es «cinéma verité» (que permite al director esos armados dentro de ciertos límites), «cine de observación» (que de lejos va encontrando el hilo de la vida cotidiana), «documental de autor» (cuántos cuentos caben en esa bolsa), o, como dice el propio Guerin, «cine de naturaleza documental». Lo importante, es el cariño con que nos va contando tres años en la vida de unas personas y un lugar, y el modo en que deja picando varias reflexiones sobre los seres humanos, las paradojas del progreso, y la memoria afectiva de una ciudad.

Cierto, eso sí, que el conjunto se hace un poco alargado e irregular, y que, diciendo cosas más o menos parecidas, mejor, más corto, y más tocante es «Aquí se construye», del chileno Ignacio Agüero. Que no tiene tanta prensa como el catalán, ahí está el detalle.

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