14 de junio 2001 - 00:00

"En Cuba, los Van Van son un fenómeno fuera de norma"

Liliana Mazure.
Liliana Mazure.
Alta y de mirada siempre alegre, Liliana Mazure estrena su primer largo, el documental «Van Van, empezó la fiesta», sobre el conjunto cubano que ella supo traer en varias ocasiones. Pero antes del estreno, se mandó un viajecito hasta Acapulco.

Periodista: ¿Qué la impulsaba hacia esas playas?

Liliana Mazure: El Black Film Fest, un encuentro de artistas negros norteamericanos y caribeños, organizado desde Nueva York. Iba la película, pero a mí no me querían invitar, porque soy blanca y argentina. ¡Me discriminaban! Y me decían «¿qué va a hacer entre tantos negros?».

P.: Qué poca imaginación. ¿Y de qué trata la película?

L.M.: Registra los festejos por los treinta años de Van Van, el premio Grammy, y, especial-mente, los recitales de 1999 en Miami. Hacía siete años que daban giras por Norteamérica, pero nunca habían ido a Miami. Fue un show muy fuerte. Aden-tro la gente lloraba de emoción y, afuera, los anticastristas gritaban y tiraban botellazos. Lo curioso es que ellos de ningún modo son artistas oficiales. Al contrario, son un fenómeno fuera de norma. Por ejemplo, en La Habana uno de los cantantes dice: «En este país, todos pueden decir lo que se les da la gana. Todos digan yes, yes», y el público entero corea «yes, yes». Ellos le dan a su gente herramientas de humor y supervivencia, cultura, identidad, y también alegría y placer.

Para filmar, me asocié con Aarón Vega, imprescindible, por ejemplo, para filmar los ritos afrocubanos en un barrio negro habanero, y para otras expresiones de cubanía: alcohol, abrazos, trasnoches, sabrosura. Juntos, con cámaras de cine y video, y algo de archivo, registramos como 30 horas de música (en 32 canales) y charlas, una cantidad horrible, que Martín Salinas, argentino consultor del Sundance, vio y nos orientó para hacer el guión.

El lío era con el disco, porque la editora Caliente Records lo cajoneó, y tiene un contrato feroz, con derechos por diez años de todo lo que compongan. Por fin, nos permitió usar cuatro temas. Otros ocho, los negociamos con distintas empresas. ¡Hay tantas ediciones pirata! Y otro lío peor fue con las entrevistas, porque ellos hablan todo para adentro y encima están llenos de collares y pulseras, tanto que alteran cualquier micrófono inalámbrico. Pero nos salió bien. Espero que los productores recuperen algo, sobre todo, porque lo hicieron solos, sin créditos del INCAA.

P.: Hasta ahora, ¿qué respuesta dio el público?

L.M.: En el Festival de La Habana, fue impresionante, más de 20.000 personas en dos salas durante tres días; ahí sentí que realmente habíamos dado en el clavo. Y en Mar del Plata, fue fantástica la función al aire libre, a la orilla del mar, con toda la gente envuelta en sus mantitas, moviéndose al compás. También funcionó en el Chicago Latin Film, en Acapulco, y ahora vamos al Latin Beat del Lincoln Center, Biarritz, Montreal, Los Angeles, y otros festivales. Si nos invitan, también vamos al de Miami.

Variedad

P.: Antes de Van Van, ¿qué hizo usted en su vida?

L.M.: Plástica, dibujos animados como «Tito el elefantito» (era precioso, me lo secuestró la Aeronáutica) o, en México, «La persecución de Pancho Villa», gráfica, etcétera. También fundé con unos amigos La Fábrica de los Sueños (es decir, el videoclub de Liberarte), organicé el seminario Sundance del Primer Festival de cine de Buenos Aires, directamente contratada por el Sundance, fui productora ejecutiva del Tercer Festival, y hago publicidad de películas, aunque siempre me tocan clientes pobres.

Bueno, tuve una época de gloria, cuando de repente me entraron muchas cuentas de publicidad, y fui rica -o riquita-, pero todo lo invertí en la producción de una serie,
«Pepe Carvalho en Buenos Aires», de Daniel Barone, con Juan Diego (¡qué actor!), sobre el personaje de Manuel Vásquez Montalbán.

P.: ¿Qué pasó con esa serie?

L.M.:
Hicimos el piloto, que por problemas legales con un actor, nunca pudimos convertir en película. Pero a Manolo le encantó, y con los guiones de la serie hizo un libro, «Quinteto en Buenos Aires», que está dedicado a nosotros, y hasta aparecemos como personajes. A mí me tocó uno, ay, maravilloso: en el capítulo «Asesinato en el club de gourmets», aparezco convertida en «Soufflé de flor de acacias Liliana Mazure al champán».

P.: Qué bueno. ¿Y cómo se hace?

L.M.: No sé. Es un secreto que el chef se lleva a la tumba. En suma: nunca tengo plata, pero la paso bien.

Dejá tu comentario

Te puede interesar