10 de mayo 2006 - 00:00
"En la ópera siempre se trabaja sobre la hora"
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Eric Vigié, régisseur francés, discípulo de Margarita
Wallmann, presenta desde ayer en el Colón
«I vespri siciliani» de Verdi.
P.: ¿Qué encontró de bueno y qué de malo en toda esta enorme organización que es el Teatro Colón?
E.V.: Sin demagogia tengo que decir que desde hace seis meses con Enrique Bordolini (escenógrafo e iluminador) trabajamos y preparamos todo muy bien. Si tuviera que hablar de aspectos negativos yo diría que algo más de tiempo de ensayos habría beneficidado. Pero esto también ocurre en la Opera de Viena, por ejemplo, donde siempre se llega sobre la hora. En todos los teatros que tienen compartido el escenario con conciertos, ballet y ópera, siempre llegamos a último momento. Sólo los teatros de repertorio ofrecen calidad de ensayos finales, donde toda la producción está terminada un mes antes. Cuando hay complejidad técnica y artísticacomo en este caso, y poco tiempo, nos valemos de la buena voluntad. Hay colegas que no poseen la flexibilidad necesaria para diseñar un trabajo de muchas facetas sin roces. Pero los que tenemos un «background» como yo, que comencé hace veinticinco años, sí la tenemos. Hay muchos registas que no son profesionalesy ahí es donde se generan los conflictos, consecuencia quizás de la falta de seguridad acerca de lo que se pretende.
P.: ¿Qué recuerdos guarda de Margarita Wallmann, una artista que fue muy importante en el Colón?
E.V.: Yo fui su último asistente y aprendí mucho de ella. Cuando murió, yo fui el único hombre de su entorno y me ocupé de muchos de sus asuntos testamentarios. Con ella, que éramos vecinos en Niza, aprendí mucho sobre el Colón. Me decía que debía aprender el español, y yo le contestaba que no había óperas en español... Luego lo tuve que aprender en apenas cuatro meses cuando fui llamado a Madrid, para ser coordinador artístico del Teatro Real. Estar hoy en el Colón cierra un ciclo que abrí con Margarita.
P.: Si usted fuera director artístico de un gran teatro ¿a quién no dejaría de llamar como régisseur para su temporada lírica?
E.V.: Habría que llamar a Marco Arturo Marelli, un suizo-italiano, que es una «star» en Europa. En el pequeño teatro que dirijo en Laussanne, donde no tenemos mucho dinero, pero hago un gran esfuerzo por traer los más grandes directores de escena al público, procuro contar siempre con él. Marelli, que es escenógrafo y regisseur, es una verdadera star en la Opera de Viena y hace las más bellas producciones en el mundo. Es latino y no tiene intelectualismos falsos, sino un verdadero sentido estético de la escena. Hay que descubrirlo.
P.: ¿Esta producción fue pensada para el Colón?
E.V.: Sí, fue pensada para el Teatro Colón y tiene algunos elementos que hemos resaltadocon respecto a las luchasgaribaldianas. que tanto tuvieron que ver con la creatividad de Verdi. Hemos tratado de evitar un concepto «kitsch» que a veces se tiene de la ópera histórica de Verdi. Tiene que ver con la liberación de Sicilia y hemos seguido en ese sentido una línea garibaldiana, un poco a la manera del Visconti en «El Gatopardo». Hay un intención más política, más moderna de lo que debe ser el espectáculo operístico.
P.: ¿El régisseur es la estrella del espectáculo operístico?
E.V.: Puede ser una estrella cuando demostró durante años -como Wallmann- cómo poner una ópera en escena, y saber que han contribuido fundamentalmente a la renovación de la historia de la ópera. Pero la estrella del espectáculo lírico es el cantante, que cumple con el trabajo más arriesgado, enfrentando al público. El director de orquesta y el régisseur son solamente acompañantes de la labor del cantante. Los cantantes son las verdaderas estrellas de la ópera.
Entrevista de Eduardo Giorello




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