9 de agosto 2005 - 00:00
En Ricardo Blanco se alían lúdicamente arte y diseño
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Cada pieza de la muestra «Esto no es una silla» surge de
una intervención reflexiva de conocidas obras de arte. Arriba,
la visión Blanco de «Fontaine», el famoso mingitorio de
Marcel Duchamp.
Con más de treinta años de práctica e investigación en el ámbito del diseño industrial, Blanco trabajó insistentemente el tema del asiento y proyectó más de doscientas cincuenta sillas, algunas como ideas y prototipos, pero muchas de ellas producidas. En el año 2003, un poeta surrealista, editor de libros y amigo suyo, Juan Andralis, lo definió como un sillópata, y con ese nombre recopiló sus trabajos en el libro «Sillopatía», que prologó el autor de esta nota.
Entre los objetos más ligados al espacio humano, la silla desempeña un papel fundamental. Diseñadores, arquitectos y artistas han trabajado a su alrededor por el desafío que plantea en cuanto al uso cotidiano y su relación utilitaria con el usuario. El paradigma del mueble asiento (butaca, taburete, silla apilable, sillón) es uno de los desarrollados por grandes arquitectos como Le Corbusier, Marcel Breuer, Richard Meier, Ettore Sottsass o Alessandro Mendini. La práctica y la reflexión teórica sobre el diseño han estado profundamente vinculadas con las del arte a partir del filósofo alemán Walter Benjamin, quien en su ensayo de 1936, «La obra de arte en la época de la reproducción técnica», considera la transformación de la noción de arte, sobre todo, con los objetos múltiples, que aparecieron en el terreno de las artes visuales: el cine, por ejemplo.
Estas propuestas antes de la guerra fueron desarrolladas por el Bauhaus, famosa escuela de arte y diseño clausurada por los nazis; luego, en la Escuela de Ulm (Alemania), bajo la dirección de artistas como Max Bill (Suiza), y luego Tomás Maldonado. Otros ejemplos más recientes, son la Academia Domus de Milán, donde Andrea Branzi, además de teórico del diseño, es un artista; y en la Escuela de Nueva York, el Pratt Institute, dirigida, en su momento, por el arquitecto y artista James Wines, que produjo la idea de los frentes aparentemente rotos de los supermercados Best. Los ready-mades del genial anticipador Marcel Duchamp pusieron en tela de juicio el carácter único, la originalidad de la obra de arte, y también el trabajo manual del artista. Esa influencia fue central en el trabajo de muchos minimalistas, como Dan Flavin o Richard Tuttle que incorporaron en sus obras los objetos encontrados. Estas relaciones de artistas como diseñadores fue la reciente muestra presentada en el Museo Nacional de Diseño Cooper-Hewitt en Nueva York, que replanteó estas ideas mostrando objetos cotidianos producidos por grandes pintores y escultores.
Blanco realiza el proceso inverso, las piezas de su muestra surgen a partir de una intervención reflexiva y lúdica de conocidas obras de arte. Es profesor y director de las carreras de Diseño Industrial y Diseño de Mobiliario de la UBA, y resultado de esta tarea pedagógica, es su libro 20 años de la Cátedra Blanco que presentó la semana pasada en El Dorrego.



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