9 de agosto 2005 - 00:00

En Ricardo Blanco se alían lúdicamente arte y diseño

Cada pieza de la muestra «Esto no es una silla» surge deuna intervención reflexiva de conocidas obras de arte. Arriba,la visión Blanco de «Fontaine», el famoso mingitorio deMarcel Duchamp.
Cada pieza de la muestra «Esto no es una silla» surge de una intervención reflexiva de conocidas obras de arte. Arriba, la visión Blanco de «Fontaine», el famoso mingitorio de Marcel Duchamp.
"Esto no es una silla", la muestra de Ricardo Blanco que acaba de inaugurarse en la Fundación Klemm / Academia Nacional de Bellas Artes (M.T.de Alvear 626), pone en evidencia la madurez creativa de una trayectoria.

La historia del diseño creado por el hombre no sólo es una historia de la cultura tan atrayente como las dedicadas al registro de los hechos políticos o económicos. Es también una historia cultural inapreciable y a menudo descuidada. Desde que el hombre superó sus necesidades inmediatas, empezó a preguntarse acerca del mundo que lo rodeaba y se inició en la materialización de objetos y rituales con símbolos mágicos, míticos y sociales. Esto fue el origen del arte y también del diseño que nunca se separaron de un modo terminante.

El arquitecto-diseñador, Blanco, dice «Yo no soy un artista». No compartimos su afirmación. Los objetos de diseño son parte de la cultura y un motor importante de la experiencia contemporánea.

Luego de plantear varios interrogantes, cierra un texto para su catálogo planteando el suspenso de una pregunta «¿Cuál es el objeto del arte y cuál es el objeto del diseño?».

Esta exhibición en el espacio que lidera la Presidenta de la Academia de Bellas Artes Rosa María Ravera es su respuesta, a través de lo que podríamos llamar una síntesis de las representaciones de artistas y diseñadores. El arte está presente en sus catorce sillas y convoca el título de la muestra. En «El uso idiomático», René Magritte reflexionaba sobre el ilusionismo de la pintura; Blanco la hace dialogar con su reposera Tumbona, en la que la palabra se acerca al objeto. La inscripción de Magritte, «Esto no es un pipa», recuerda al contemplador que esa pintura no es la realidad sino su interpretación. Pero cuando Blanco dice «Esto no es una silla», señala que su diseño es más que una silla. Transfigura el asiento y lo carga con valores simbólicos, que el espectador o el usuario de culturas diversas pueden aprehender. «Estas sillas -dice- son reflexiones acerca de ellas mismas, acerca de sus relaciones con el arte, con el arte hecho y con las maneras de hacer arte.»

En «Fontaine» (1917), Marcel Duchamp confiere el carácter de obra al objeto utilitario. En «Silla de Mutt» (seudónimo del artista), Blanco cierra el círculo haciendo derivar de aquella obra (un mingitorio), un asiento (utilitario). En «Ready made ecológico», el respaldo del asiento dialoga con «Rueda de bicicleta» (1913). «Cabeza de toro» (1942) de Pablo Picasso se ha transformado en el «Banco matero cabeza de vaca». Blanco anticipa que Gregorio Samsa, el personaje de «La metamorfosis» de Kafka, «se despierta convertido en una simple banqueta (...) cuya prominencia apenas si podía aguantar la tapicería que estaba visiblemente a punto de desprenderse (...)». Ha llevado a cabo una segunda representación: el insecto se ha convertido en la «Banqueta Kafka». Formalmente recuerda las banquetas que Guillermo Kuitca presentó en la Documenta de Kassel, pero la interpretación del diseñador del hecho literario cambia profundamente el sentido de la propuesta.

Con más de treinta años de práctica e investigación en el ámbito del diseño industrial,
Blanco trabajó insistentemente el tema del asiento y proyectó más de doscientas cincuenta sillas, algunas como ideas y prototipos, pero muchas de ellas producidas. En el año 2003, un poeta surrealista, editor de libros y amigo suyo, Juan Andralis, lo definió como un sillópata, y con ese nombre recopiló sus trabajos en el libro «Sillopatía», que prologó el autor de esta nota.

Entre los objetos más ligados al espacio humano, la silla desempeña un papel fundamental. Diseñadores, arquitectos y artistas han trabajado a su alrededor por el desafío que plantea en cuanto al uso cotidiano y su relación utilitaria con el usuario. El paradigma del mueble asiento (butaca, taburete, silla apilable, sillón) es uno de los desarrollados por grandes arquitectos como
Le Corbusier, Marcel Breuer, Richard Meier, Ettore Sottsass o Alessandro Mendini. La práctica y la reflexión teórica sobre el diseño han estado profundamente vinculadas con las del arte a partir del filósofo alemán Walter Benjamin, quien en su ensayo de 1936, «La obra de arte en la época de la reproducción técnica», considera la transformación de la noción de arte, sobre todo, con los objetos múltiples, que aparecieron en el terreno de las artes visuales: el cine, por ejemplo.

Estas propuestas antes de la guerra fueron desarrolladas por el Bauhaus, famosa escuela de arte y diseño clausurada por los nazis; luego, en la Escuela de Ulm (Alemania), bajo la dirección de artistas como
Max Bill (Suiza), y luego Tomás Maldonado. Otros ejemplos más recientes, son la Academia Domus de Milán, donde Andrea Branzi, además de teórico del diseño, es un artista; y en la Escuela de Nueva York, el Pratt Institute, dirigida, en su momento, por el arquitecto y artista James Wines, que produjo la idea de los frentes aparentemente rotos de los supermercados Best. Los ready-mades del genial anticipador Marcel Duchamp pusieron en tela de juicio el carácter único, la originalidad de la obra de arte, y también el trabajo manual del artista. Esa influencia fue central en el trabajo de muchos minimalistas, como Dan Flavin o Richard Tuttle que incorporaron en sus obras los objetos encontrados. Estas relaciones de artistas como diseñadores fue la reciente muestra presentada en el Museo Nacional de Diseño Cooper-Hewitt en Nueva York, que replanteó estas ideas mostrando objetos cotidianos producidos por grandes pintores y escultores.

Blanco
realiza el proceso inverso, las piezas de su muestra surgen a partir de una intervención reflexiva y lúdica de conocidas obras de arte. Es profesor y director de las carreras de Diseño Industrial y Diseño de Mobiliario de la UBA, y resultado de esta tarea pedagógica, es su libro 20 años de la Cátedra Blanco que presentó la semana pasada en El Dorrego.

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