El 20 de setiembre el Museo de Arte de Arte Latinoamericano de Buenos Aires festejará su primer aniversario. Si bien el contexto económico y social que lo acompaña es muy diferente al de la época de su fundación, el MALBA logró ocupar rápidamente un espacio preferencial en la agenda cultural de los porteños.
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La devaluación afectó su ambiciosa programación, pero luego de la muestra inaugural con «Arte en América Latina», se presentaron tres muestras temporarias provenientes del extranjero, «Políticas de la diferencia», «El hilo de la trama» y «Lasar Segall». Y cuando la pesificación de los sueldos determinó la renuncia del director mexicano Agustín Arteaga, fue suplantado en la gestión curatorial por Marcelo Pacheco.
Más allá del magnetismo de su colección permanente, nutrida con obras cumbre del arte latinoamericano, lo que atrae entre 20.000 y 25.000 visitantes por mes es un intenso programa de actividades que va desde exposiciones itinerantes, cursos, visitas guiadas y encuentros del público con críticos, curadores y artistas, hasta espectáculos y otras presentaciones de género por demás variado.
El apoyo de la comunidad se basa en que la institución satisface su creciente demanda cultural pero, sobre todo, en que el Museo cumple una función educativa que suscita el interés de los adultos y también de los niños. Con la llegada de 2400 chicos por mes, el cupo de reserva para las visitas escolares ya está completo hasta fin de año. Según los estudios internacionales, los niños regresan a los museos con sus padres y estas instituciones cultivan a largo plazo un público ayudará a solventarlas.
Hace unos días se inauguró el programa de Arte Contemporáneo, que consiste en invitar a curadores y artistas emergentes para que exhiban su producción actual. Las exposiciones «Un año en el aire» de Esteban Alvarez y «La casa soñada» de Tamara Stuby, fueron presentadas por Andrés Duprat, joven director del Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca. Alvarez realizó una intervención en el espacio simbólico y arquitectónico del Museo, una gran nube formada por botellas plásticas llenas de aire que flota sobre el inmenso hall abierto hacia las tres plantas del edificio, de la que penden cuatro mascarillas para respirar.
•Sorpresa
La obra irrumpe en el MALBA con sus brillos celestes y blancos, tiene la escala apropiada e introduce el factor sorpresa en un ámbito formal y previsible, depara así una experiencia imprevista al espectador que -metafóricamente, al menos-podrá saciar su avidez de oxígeno.
En la planta baja, la neoyorquina Stuby muestra una instalación. Diseña una casa con ladrillos a modo de esculturas blandas y planta en ella un arte femenino, subjetivo, perteneciente a una vertiente fundamental de los años noventa que echó raíces profundas en la Argentina.
Sucede que los artistas, como señaló Pacheco en esa década, «son francotiradores que entre burbujas y cotillón buscan exorcizar el pasado que se escurre entre rendijas, el presente que se impone desmesurado y el futuro que se anuncia devastador».
La crisis ejerce presión sobre el ánimo de la gente. Sin embargo, la semana pasada y en tren de franca diversión, la generación joven colmó el auditorio para asistir al desfile de moda-performance «La comadre» de Sergio De Loof. La desprejuiciada «super espléndida colección de alta costura argentina invierno 2002 del Estudio de tendencias Stylos», y sus diseños hippie, dark, rolinga, rap, rasta, rokero, ricotero, fútbol, pañuelos polar, playera, telar boliviano, corderito y bandera, encendieron una platea tan entusiasta como las 40 modelos de la pasarela. Es que los museos son o, deberían ser, espacios de contención abiertos a todo tipo de público. Los intelectuales adoptaron el cine, y último ciclo, «La imagen errante», dedicado al expresionismo cinematográfico y con música en vivo, convocó a más de 3700 personas. En estos días comienza el Homenaje a Leopoldo Torre Nilsson. A las visitas de Carlos Fuentes, Paul Auster y Emir Kusturica, se sumará el 19 de setiembre la de Juan José Saer.
En octubre se inaugurará «Los modernos rioplatenses», exposición temporaria producida por MALBA con obras de Norah Borges, Rafael Barradas, Joaquín Torres García y Xul Solar, entre otros. Pero la gran apuesta es la muestra de Guillermo Kuitca, que desde hace 15 años no exhibe sus obras en Argentina y está organizada junto al Museo Reina Sofía de Madrid, donde se inaugurará en febrero de 2003.
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