Andy Bell y Vince Clarke volvieron al país después de 13 años (Foto: Beto Landoni).
Desde su última visita al país pasaron trece años; y veintiuno desde aquel mítico show en Vélez, cuando en medio de su apogeo dejaron grabado en la memoria colectiva de quienes hoy tienen tres o cuatro décadas un recuerdo que esta semana renació como un Ave Fénix.
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Andy Bell y Vince Clarke se convirtieron en una marca registrada del pop con condimentos de electrónica. Pero Erasure es mucho más que eso: casi tan importante como sus canciones son sus movimientos, sus colores, sus ropas, la mística característica que los envuelve desde que lanzaron su primer disco en 1985.
El segundo de sus conciertos en el Luna Park parecía decir "prohibida la entrada a menores de treinta". Por eso, cada hit fue coreado y bailado casi como si se estuviera en una fiesta, en un cumpleaños, en un viaje de egresados de muchos años atrás. Si bien hay que destacar que el sonido del dúo sigue intacto, el aditivo sentimental hizo que el público no pare de moverse un solo segundo.
En un confuso español, Bell agradeció varias veces la efusividad de los asistentes. "Yo no puedo explicar la sinceridad de la gente acá", dijo mostrando su evidente dificultad con el idioma. En cambio su compañero, desde atrás y con la notebook que manejaba cada pista, se mostró callado y serio durante la hora y media que tuvo el show. Así fue siempre su dinámica: cada cual supo siempre qué aportar.
"Victim of love", "Blue savannah", "Sometimes", "Drama" y "Chains of love" aparecieron entre el festejado repertorio. Al momento de "When I needed you" el escenario se convirtió en una especie de fogón. Con la guitarra de por medio y las dos coristas sentadas en semicírculo junto a ellos, los Erasure hicieron una versión acústica de lo que definieron como "una canción muy famosa en Argentina".
Se destacaron también "Always" entralazada en inglés y en castellano y la seguidilla de éxitos que incluyó "Oh L'Amour", "A Little Respect" y "Stop", con la cual cerraron la noche.
Y así, unas seis mil personas se fueron del Luna entre el éxtasis y la nostalgia. Como si los años no hubiesen pasado, aunque al encenderse las luces, todos volvieran a su rutina, lejos de la desempolvada adolescencia de los años ochenta.
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