13 de septiembre 2001 - 00:00

Es todo tan previsible que el único enigma es el título

Mirada de ángel.
"Mirada de ángel".
Aparte de la dificultad para encontrarle el género (¿romántico, suspenso, acción, thriller sobrenatural?), el título de esta película ya entra-ña un misterio: por qué se llama «Mirada de ángel». Si es por el largo sobretodo con el que deambula el protagonista masculino (el atuendo «angélico» por excelencia del Hollywood post «Las alas del deseo» de Wim Wenders) uno pensaría que más bien se trata de un moderno, ni siquiera «un fenómeno de circo» como lo define otro personaje. Lástima que al verlo aparecer, el espectador ya sabe que no hay ángel alguno en este film de Luis Mandoki, pre-visible desde la primera escena que, de todas maneras, se evitará contar aquí.

Lo cierto es que el hombre sombrío que se ve caminar por Chicago, mirar con insistencia a los niños con los que se cruza o llevarle las compras de supermercado a una señora en silla de ruedas, intempestivamente arriesga su vida para salvar de una muerte segura a la mujer policía que interpreta Jennifer Lopez. Aunque no entiende las razones de semejante acto -o acaso, por eso mismo-, ella empieza a enamorarse.

Pero hay otra trama paralela a las alternativas de ese romance, extraño antes que nada por la total ausencia de química entre Lopez y Jim Caviezel (quien parece haber quedado tildado en el mismo registro de «La delgada línea roja»): la oficial padece el rechazo de toda su familia desde que intervino a favor de su madre (¡Sonia Braga!) en uno de los tantos episodios violentos perpetrados por su padre. De ahí, tal vez, su vocación policíaca y ciertos excesos mal vistos hasta por el personal masculino de su fuerza.

El problema -otro de los problemas-es que ni el guionista, ni mucho menos el director logran nunca enlazar ambas tramas con un mínimo de lógica o verosimilitud. Al mexicano Mandoki ya se le conoce su afición al melodrama desde el momento mismo en que se ganó el pasaje a la industria hollywoodense con «Gaby», aquel film en el que Norma Aleandro asistía a una muchacha con parálisis cerebral. Después hizo comedias y films románticos; le faltaba algo de acción y suspenso. Por lo visto, no le salió.

En medio de todo, el esfuerzo de Jennifer Lopez por dar credibilidad a su personaje es digno de reconocimiento. No sólo hace gala de una violencia convincente repartiendo rodillazos y trompadas entre delincuentes, o allegados cuando es menester, y sostiene sola las escenas con Caviezel, sino que hasta se salva del ridículo en un lacrimoso monólogo ante una cámara de video. Otra actriz que evita el naufragio -de su nombre, estrictamente-es Shirley Knight, en una pequeña intervención.

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