«El cuerpo» («The Body», EE.UU., 2001, habl. en inglés). Dir.: J. McCord. Guión: J. McCord sobre novela de R. Ben Sapir. Int.: A. Banderas, O. Williams, J. Wood, D. Jacobi.
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Supervisando una excavación de rutina en Jerusalén, la joven arqueóloga Sharon Golban ( Olivia Williams) descubre una tumba milenaria con restos que, por razones fatigosamente explicadas durante buena parte de la película, podrían ser los de Jesucristo. El hallazgo comienza por preocupar a un alto jefe militar israelí que se lo comunica al Vaticano. Naturalmente, allí se comprende rápidamente el cataclismo que prenuncia la sola posibilidad de que el hijo de Dios no haya resucitado.
Mientras en Israel un misterioso terrorista palestino también muestra interés en el asunto, en Roma designan al joven sacerdote Matt Gutiérrez ( Antonio Banderas) para que se encargue in situ de desacreditar la amenazante teoría, pese a que éste no tiene conocimiento alguno de arqueología, aunque sí de inteligencia militar ya que revistó en un ejército latinoamericano antes de tomar los hábitos.
Algo desconcertado por la misión, exactamente igual que el espectador, Gutiérrez viaja a Israel donde se pone a trabajar con la investigadora, tras un primer encuentro conflictivo (ella fuma mucho y es un peligro manejando «como todos los israelíes»). Que después Sharon esté dispuesta a renunciar al gran descubrimiento de su vida para evitarle a Gutiérrez una crisis de fe sólo se explica en razón del atractivo del insólito cura puesto a emular a Indiana Jones.
Crisis de fe hay de todos modos. La peor la sufre el padre Lavelle (el habitualmente notable Derek Jacobi, llevado a sobreactuar, lamentablemente), un jesuita que había conseguido compatibilizar ciencia y religión, hasta el malhadado momento de la aparición de los huesos.
A partir de ese planteo, sólo espere lector apasionantes elucubraciones seudocientíficas, debates teológicos (el que sostiene un circunspecto Banderas con una turba de judíos ortodoxos probablemente sea el momento más involuntariamente cómico de la película, pero no el único), críticas obvias a las manipulaciones políticas de todo signo y un final que precipita el ya inclasificable film directamente a la acción, tal vez con el objetivo de despertar a la platea con las explosiones.
Basándose en una novela, el realizador debutante Jonas McCord (viene de la TV y en cine tiene antecedentes tales como el de haber sido productor ejecutivo de «Batalla final: Tierra», el mayor desastre en la despareja carrera de John Travolta) perpetró el guión de «El cuerpo» y lo dirigió de la misma forma, como para que, por una vez, hasta Antonio Banderas resulte absuelto de culpa y cargo.
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