Borges, quien dijo que al universo le placían las simetrías, habría sonreído con malicia después de que el Rey de España lo rebautizara como “José Luis” en el discurso inaugural del VIII Congreso de la Lengua. Esa extraña confabulación del universo, y del tiempo en este caso, tiene que ver con que hace exactamente diez años, durante la inauguración de la Feria del Libro de Buenos Aires, el entonces jefe de gobierno y hoy presidente Mauricio Macri, que ayer acompañaba a Don Felipe VI en el escenario del Teatro Libertador de Córdoba, también llamó “José Luis” al autor de “El Aleph”.
José Luis
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Este persistente acecho onomástico sobre el prócer mayor de nuestras letras no es, sin embargo, novedoso. En vida de Borges, el boxeador Andrés Selpa (quien alguna vez soñó con un destino literario propio) lo cruzó una vez en la calle y lo llamó “Maestro José Luis Borges”. A él no le disgustó el cambio. Dijo que la aliteración entre “Jorge” y “Borges” era cacofónica, y que Selpa había vuelto más melodioso su nombre.
En el “Epílogo” de la primera edición de sus Obras Completas (Emecé, 1974), Borges redactó una entrada para una eventual enciclopedia que se publicaría en Santiago de Chile en 2074, y en la que se menciona a sí mismo como “José Francisco Isidoro Luis Borges, nacido en la ciudad de Buenos Aires, entonces capital de la Argentina, en 1899. Su fecha de muerte se ignora porque los diarios, género literario de la época, desaparecieron durante los grandes conflictos que hoy compendian los historiadores.”
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