22 de octubre 2001 - 00:00

"Está probado que más sangre y violencia no es más rating"

Bernardo Neustadt.
Bernardo Neustadt.
«El año 1969 fue el de mi gloria y 1996 el de la pérdida de mi libertad. En 1969, en un breve lapso, entrevisté a Perón, a Franco y a Oliveira Salazar. El rating fue inmenso y mi satisfacción profesional también. En 1996, me exigieron en Telefé «mejorar la oferta». ¿Qué quería decir eso? ¿Competir con casamientos de lesbianas, con programas de desnudos y malas palabras? No, gracias. No sirvo para eso», dice Bernardo Neustadt.

En el medio siglo de televisión argentina, nacida más o menos oficialmente el 17 de octubre de 1951, Neustadt dominó durante casi 40 años el periodismo político audiovisual. Ensalzado, criticado y polémico, muchas veces algunos de sus amigos se pasaron al bando contrario, y viceversa.

En el diálogo con este diario da un ejemplo del segundo caso: «Julio Guillén, secretario general de los telefónicos, fue uno de los que estaban esperándome una mañana, a la salida de Radio del Plata en avenida Santa Fe y Ayacucho, para golpearme y tirarme huevos por mi prédica a favor de la privatización de los teléfonos. No mucho después, cuando ingresó en una de las compa-ñías adquirentes, me llamó por teléfono para pedirme disculpas por lo que había hecho».

Neustadt no esconde su malestar cuando hace un diagnóstico de la televisión actual, cuyo bajo nivel no atribuye al cambio de gustos o intereses de la sociedad sino «a los caciques de la TV de ahora y a los anunciantes.Vamos a ver qué pasa en los próximos meses», comenta. «En una reunión, hace unos días, la Cámara de Anunciantes dijo que había que cuidar especialmente el contenido de los programas a los que respaldaría con avisos. Creo que la culpa mayor es de ambos, los jefes de los canales y los avisadores. Si los avisadores se lo proponen, la televisión cambia. Porque está probado que más sangre, más violencia y más malas palabras no dan más rating».

Para graficar los cambios, agrega: «Yo no puedo entenderlo. Cuando llevé a Mijail Gorbachov a 'Tiempo Nuevo' hicimos 42 puntos de rating. El programa con Carlos Menem después de las elecciones del '89 empezó con 23 y llegó a 37 puntos. Unas semanas antes, el de la silla vacía con Angeloz en el piso, hizo 32 puntos. Pero hoy los programas políticos no superan los 5, 6 puntos. ¿Tanto cambió la sociedad? ¿Lo único que interesa es 'Gran Hermano'? Es imposible que sea así. Yo no lo puedo creer».

El ingreso de Neustadt a la televisión se produjo a los 10 años de existir el medio, en octubre de 1961. «El que me dio el empujón inicial fue un gran periodista, un maestro, Moisés Shebor Jacoby, con quien yo había trabajado en 'Clarín' y en 'El Mundo'. Jacoby, a partir de lo que leía en mis columnas, me dijo un día: 'Bernardo, si vos hablás en la televisión tal como escribís vas a tener mucho éxito. Pero sólo si hablás de la misma forma. Me dieron un micro de tres minutos, con apertura y cierre publicitario, en 'Canal 7', que era el único que existía. Recuerdo que mi primer reportaje en cámara, casi una marca de mi destino, fue al presidente de Entel. Pero claro, entre la presentación y mi primera pregunta, terminó el programa. ¿Qué se podía hacer en tres minutos?»

Periodista: ¿Con qué canal tuvo mejor relación?

Bernardo Neustadt: Con «Canal 11», definitivamente. Salvo con Gustavo Yankelevich, que nunca quiso programas políticos. Nos quitaba promoción, nos daba malos horarios. No se podía convivir.

P.: ¿Cuál es el programa que recuerda con mayor placer?

B.N.: El reportaje a Arturo Frondizi en «Canal 9». Recuerdo que, por las circunstancias políticas, Romay había desaconsejado hacer ese programa. Pero lo hicimos igual. Ni siquiera armaron la escenografía y lo hicimos caminando, dentro del canal. Fue un gran programa.

P.: ¿Y el que nunca quisiera haber hecho?

B.N.:
El de Claudia Schiffer. Los dos estábamos incómodos. Yo no sabía qué preguntarle. No me interesaba. Naturalmente fue una imposición del canal para ganar rating y yo acepté, pero me arrepentí siempre. Evidentemente, no sirvo para entrevistar modelos.

P.: ¿Un programa en el que dijo cosas que no quisiera haber dicho?

B.N.: Sin duda, el reportaje a Carlos Menem después de las elecciones. Yo estuve muy mal. Le dije que no le creía nada de lo que decía, que él iba a ser igual que todos los peronistas estatistas. Le dije cosas gratuitas, tantas cosas. Sus asesores le decían 'andate, andate', pero él estuvo igual. Después terminamos en la Cantina de Roque. Me arrepentí de ese programa, me arrepentí también por no haberlo votado en el '89, y me volví a arrepentir por sí haberlo votado en el '95, cuando ya no hizo las cosas que debió haber hecho.

P.: ¿Quién fue el político más brillante que conoció?

B.N.: Arturo Frondizi, una vez más. Además, nunca tuvo siquiera una tacha de corrupto. Siempre en el mismo departamento, antes y después de las elecciones.

P.: ¿Y el más detestable?

B.N.: Mario Firmenich
, a quien inclusive llevé al programa. Allí me dijo que no se había arrepentido por el asesinato de Aramburu, y que lo había matado por voluntad del pueblo.

P.: ¿El programa que siempre quiso hacer y nunca pudo?

B.N.: Una entrevista a Fidel Castro. Le enviamos cartas durante años y años, pero nunca lo logramos. Y eso que mi insistencia y la de mis ayudantes, como Clara Mariño, son inquebrantables. A Perón lo perseguimos durante 14 años hasta que al fin lo entrevisté en Puerta de Hierro. Franco nos llevó 18 años, y Oliveira Salazar 18. Tampoco pude hacerle un reportaje, pese a que estuvimos un paso, a Margaret Thatcher.

P.: ¿Se siente cómodo con sus columnas en «Crónica TV»?

B.N.: Tan cómodo que hasta voy de sport a veces. La verdad, cada vez me cuesta más vestirme con saco y corbata. Me estoy pareciendo a Vinicius de Moraes. Héctor Ricardo García hace mucho que me había propuesto hacer esas columnas pero yo me negaba porque, en fin, me parecía que el perfil del canal no tenía que ver conmigo. Pero me equivoqué. Estoy tan a gusto en «Crónica» como en mi programa en la radio Millenium.

P.: ¿Qué cosas cree usted que modificaron a la sociedad argentina gracias a su trabajo en la TV?

B.N.: En primer lugar, el haber terminado con la idea de que soberanía es estatismo. La lucha por la privatización de los servicios públicos por fin dio resultados, lo mismo que la construcción de la Biblioteca Nacional y la derogación de las jubilaciones de privilegio.

P.: También ganó con el voto «bronca».

B.N.: Una cantidad tan abrumadora como la que hubo en las últimas elecciones siempre anuncia algo. Yo he vivido situaciones así antes. En 1943 pasaba algo parecido, y apareció Perón.

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