«Eterno resplandor de una mente sin recuerdos» (EE.UU., 2004, habl. en inglés). Dir.: M. Gondry. Int.: J. Carrey, K. Winslet, E. Wood, M. Ruffalo.
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La idea de esta película es mucho mejor que su largo y pretencioso título (cita de un poema de Alexander Pope). Y también es mejor que su ejecución, empezando por su estilo formal propio de los primeros films independientes de comienzos de los '90. Por otra parte, un super serio Jim Carrey ofrece una performance tan sobria como sólida, inobjetable en lo artístico, pero decepcionante para el público que espera otro tipo de película si el protagonista es el mismo de «La Máscara».
Olvidando estos detalles, «Eterno resplandor...» es una película que se destaca especialmente por la originalidad con la que mezcla géneros para presentar a un médico que ofrece un servicio de lavado de cerebro selectivo, capaz de borrar por completo toda referencia a, por ejemplo, una relación amorosa con final poco feliz. Es una mezcla de comedia romántica y ciencia-ficción, tan salida de la serie «Dimensión desconocida» como la más terrorífica «El Efecto mariposa» (estrenada hace dos semanas), sólo que el estilo tiene todo el delirio del guionista experto en ensaladas cerebrales y narraciones no lineales Charles Kauffman, responsable de «¿Quieres ser John Malkovich»? y «El ladrón de orquídeas».
Pero en manos de Michael Gondry, director de clips de Bjork y Chemical Brothers, más que una comedia romántica fantástica es una comedia triste, totalmente psicodélica y por momentos bastante divertida, pero casi siempre gris, melancólica o directamente angustiante. Jim Carrey le dijo a su novia Kate Winslet las palabras mágicas que hacen que una chica le arroje al amor de su vida las llaves de su departamento por la cabeza. Justo antes del día de San Valentín, el pobre hombre se topa con que no tiene sentido ni hablar con su enamorada: ella lo trata como a un perfecto desconocido mientras le da besitos a un jovencito bien parecido (bien parecido a Frodo de «El señor de los anillos», es decir Elijah Wood). Una tarjeta fría e impersonal de una extraña empresale indica al triste galán lo sucedido: acaba de ser borrado de la memoria de su novia, que avanza en su vida sin la pena de tener que recordar todo el tiempo invertido en esa relación. Con cierta lógica, al tipo no le queda otra que borrar a la novia que lo borró.
En medio del aparente desorden argumental (un tercio del film son imágenes delirantes imaginadas por un cerebro en proceso de lavado y enjuague), el guión ofrece una historia paralela a la del triángulo Carrey-Winsley-Wood, sólo que más rica y relativa a los detalles y problemas éticos del lavado de cerebro. Mark Ruffalo, Kirsten Dunst y un brillante Tom Wilikinson son los operadores principales del lavado cerebral.
Seguramente el creador de «Dimensión desconocida», Rod Serling, podría haber encontrado una manera más sencilla de llegar al verdadero asunto de una película más rara que buena, pero nunca vulgar.
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