Eva Perón, con la mirada de siempre

Espectáculos

«Evita, otra mirada» (Argentina, 2004, habl. en español). Dir.: M.T. Mazzarotolo. Guión: G. Busaniche, M.T. Mazzarotolo. Documental.

Nacido en 1933 en Micaela Cascallares, pueblo cercano a Tres Arroyos, Alfredo Mazzarotolo fue uno de los cuatro fotógrafos personales de Eva Perón. Antes había sido albañil, electricista, personal civil de la Marina de Guerra, miembro del Escuadrón de Adiestramiento de Perros de la Policía Federal, y jefe de sección del diario «Democracia». Tras la Libertadora se hizo fotógrafo de sociales, viajante de comercio, fabricante de material plástico y autor de cartas astrales. Murió en 1998.

La etapa más intensa de su vida duró unos pocos años, y no tuvo descanso, siempre registrando las visitas de la Fundación Eva Perón, o las giras de La Señora por el interior. Así ponía en los epígrafes de su archivo de negativos de vidrio: «La Señora, 1951», «La Señora, Santiago del Estero». Cuando vino el 55, salvó todo lo que pudo, y lo enterró (con las precauciones del caso) en el campo de un hermano por Molino de la Rosa, cerca del Quequén Salado. Ahí lo tuvo unos veinte años. Recientemente, Tomás González Naveyra, del Centro Cultural Marcó del Pont (barrio de Flores) pudo restaurar ese material, y digitalizarlo. Así es como llegaron al público, en sucesivas exposiciones, no sólo fotos de típico cuño oficial, sino también fotos de descarte, donde Eva Perón aparece con expresiones un poco distintas a las habitualmente difundidas. No muy diferentes, pero al menos novedosas para nosotros. Esa es la historia de Alfredo Mazzorotolo, su colección, su necesario ocultamiento y su rescate, un asunto similar, pero anterior, al que cuenta el documental uruguayo «Al pie del árbol blanco», sobre los 50.000 negativos del diario «El Popular», que sus propios fotógrafos escondieron en 1973, y rescataron recién en 2003. Desgraciadamente, «Evita, otra mirada», desperdicia su asunto, y en vez de centrarse en el fotógrafo hace simplemente una biografía más de la fotografiada. Lo peor, sin mayor aporte que lo justifique, porque las referidas fotos están como perdidas entre fotos de otro origen, mucho material fímico ya conocido, y comentarios que tampoco agregan demasiado.

Están algo desaprovechadas las breves participaciones de otro fotógrafo oficial de entonces, Hilario Frías («Evita no posaba»), dos de las primeras mujeres congresales (la senadora Hilda Castiñeira y la diputada Nélida de Miguel), y una enfermera de la Fundación, Nilda Cabrera («no nos daba órdenes, nos daba aliento, energía»), y es discutible el comentario de una historiadora cuando, al referirse al oficio de actriz en los 30 subraya que «solo las mujeres de sectores bajos elegían ese tipo de salida. Las mujeres de élite nunca se hubieran permitido una cosa por el estilo», olvidando el parentesco de Mecha Ortiz con el presidente Roberto Ortiz, y la enorme cantidad de chicas de clase media como Delia Garcés que se dedicaron a la actuación en esa época. Valorable, en cambio, la voz de Mario Mazzone en la locución (el film data de 2004).

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