24 de marzo 2006 - 00:00

Exhiben sugerentes obras de Jenz Meyer

«Espacio-Luz-Concepción» esla primeramuestraindividual deJenz Meyer,artista alemánque realiza susobras en el lugaren que van a serexhibidas,transformándoloen parte delprocesocreativo.
«Espacio-Luz- Concepción» es la primera muestra individual de Jenz Meyer, artista alemán que realiza sus obras en el lugar en que van a ser exhibidas, transformándolo en parte del proceso creativo.
Hasta el 2 de abril se exhibe en el Centro Cultural Recoleta la instalación de Jenz Meyer «Espacio-Luz-Concepción». Nacido en Hamburgo en 1958, este artista estudió Ingeniería y Diseño Industrial, realizó estudios de Pintura y Escultura en los Talleres Académicos Maximiliansau, ha recibido premios de arte y participado en concursos de Land Art, es autor de proyectos para arquitectura además de participar en ferias internacionales en Bonn, Berlín, Moscú, Dinamarca, Indonesia, Bienal de la Habana.

Para su primera muestra individual en Buenos Aires y continuando con el concepto de realizar las obras in situ, especialmente creadas para un lugar específico porque éste forma parte del proceso artístico, la Sala J invita al espectador a moverse en un espacio en el que según se sitúe, cambia su percepción.

Hace alrededor de 14 años que Meyer trabaja con telas extensibles que forman triángulos y que proyectan juegos de sombras en las superficies del entorno. Asimismo hay un juego de tensiones dado por la tela blanca y las cuerdas que las sostienen conformando una combinación de dibujo y escultura espacial de sutil levedad. Una de las obras se «mete» literalmente en la sala contigua donde Meyer exhibe una colección de tintas que revela su dominio de un dibujo sugerente. Hay también un conjunto de cuadros cuyo fondo cromático en delicados celestes está cruzado por telas gastadas que acusan el paso del tiempo y los avatares de la intemperie, «una segunda vida», dice Meyer, y que conforman una visión menos aérea.

Al crear sus formas libremente en el espacio, que a su vez debe motivarlo para que pueda intervenirlo, las obras no son predecibles para el artista y para el espectador sensible, el espacio puede convertirse en un lugar de meditación.

*Vilma Villaverde
, miembro de la Academia Internacional de Cerámica, I.A.C. de Ginebra y profesora titular en la Facultad de Artes de la Universidad de Misiones, es una artista de vasta trayectoria en su especialidad. Conocida internacionalmente se ha hecho acreedora de importantes premios en China, Japón, Corea además de los más importantes premios nacionales.

La gran retrospectiva, «Treinta y Cinco Años con el Barro», que se exhibe en el Centro Cultural Borges, incluye 72 obras entre vasijas, figuras y su hallazgo en 1990 cuando comienza a trabajar con artefactos sanitarios. A partir de Duchamp dejó de ser irreverente, por eso Villaverde se atrevió a incorporarlo, en sus diferentes versiones y usos, un elemento disparador pero con una mirada irónica y crítica. Una crítica que, como lo señaló Fermín Fevre en 1997, tiene que ver «con la condición humana y sus aspectos más insólitos e inesperados».

Sus figuras pertenecen al grotesco, a un realismo fantástico en el que la artista inserta a sus personajes perfectamente identificables: la señora gorda con sus pechos exuberantes, la mujer sensual que los pone «en bandeja», la dulce bailarina con su tutú, la pensativa y nostálgica. No hay secretos técnicos para esta artista que fragmenta la figura, la moldea en poses extremas, se ocupa de la mirada, a veces dulce, tierna, otras arrogante, también esperanzada o sufriente. Maestra del barro, elemento ancestral, ostenta una capacidad cromática relevante, una gran capacidad escultórica que se revela en los gestos de sus retratados sin omitir detalle alguno, incluso los de sus vestimentas. Clausura el domingo 26 de marzo.

Licenciada en Artes Plásticas en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán su ciudad natal, Maru Coviello ha desempeñado junto a su labor creativa, una intensa actividad docente. Su muestra en el Centro Cultural Recoleta está dedicada al Misa Chico, una procesión que conjuga lo ancestral con lo español. Coviello no presenta el tema como los pintores pintoresquistas que lo hicieron casi abusivamente, por el contrario, evita la procesión para centrarse en el ámbito sagrado donde se gesta.

En primer lugar, la tonalidad terrosa está relacionada con su experiencia en Fuerte Quemado, un lugar árido de los Valles Calchaquíes. Algún personaje mítico de la zona desolada, de forma alargada, casi fantasmal, ángeles arcabuceros, vírgenes adornadas con flores de papel, banderas argentinas, palios, pintados de manera abocetada, esquemática pero que convoca a este ritual sagrado del Norte Argentino al que el habitante de la gran ciudad sólo accede casualmente y que
Coviello acerca por ese contacto con las expresiones de la fe popular que la acompaña desde su infancia.

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