12 de mayo 2004 - 00:00
Exigente, dura, pero plena de humanidad
-
Charly García fue operado y permanece internado: cómo sigue su salud
-
Netflix estrenó una película de las gemelas Olsen para regresar por un rato a los 2000
Tristán es un joven indigente, de una orfandad desoladora, que a pesar de verse rodeado siempre de desdichas, conserva un alma pura abierta a toda esperanza. Si bien es una criatura menos torturada que las de Dostoievsky, ya que carece de todo modelo ético o religioso, hay algo en su manera de brindarse a los demás (aún tratándose de seres tan detestables como el tramposo Toñito) que muchos de sus actos terminan convertidos en el más ingenuo de los sacrificios. No por nada uno de los capítulos de la novela se titula «El príncipe idiota». La autora describe un mundo degradado, donde pululan seres de vida infrahumana que envilecidos por la miseria, el abandono y la falta de afecto desconocen toda regla o vínculo afectivo. Todos ellos van a tientas, como el irascible ciego al que Tristán se empeña en cuidar o como Maruja, otra desposeída que considera a sus hijos dos perfectos extraños. El fracaso de la ilusión los vuelve, en general, tristes o crueles, pero la prosa de Gambaro equilibra el «feísmo» de estas criaturas con imágenes muy elaboradas y reflexiones de exquisita lucidez. Son antológicas las páginas en las que describe el resentimiento de un perro frente al indeseado rol de lazarillo que le han impuesto.
«Promesas y desvaríos» es una novela exigente y muy dura en sus contenidos, pero a pesar de su aspereza refleja una conmovedora humanidad.
Patricia Espinosa




Dejá tu comentario