12 de mayo 2004 - 00:00

Exigente, dura, pero plena de humanidad

Griselda Gambaro «Promesas y desvaríos» (Bs.As., Norma, 2004, 308 págs).

Su intensa actividad como dramaturga ha hecho que Griselda Gambaro desplazara sus cuentos y novelas a un discreto segundo plano. Afortunadamente esto se ha ido revirtiendo y la autora de piezas tan potentes como «Puesta en claro», «Es necesario entender un poco» -o las más recientes-«Lo que va dictando el sueño», «Mi querida» y «La Señora Macbeth»- ha logrado darle un nuevo impulso a su obra narrativa. Muchos de sus textos literarios, que por distintas razones se mantuvieron inéditos durante décadas, han comenzado a disfrutar ahora de un continuo ritmo de edición. Tal es el caso de «Promesas y desvaríos» una novela escrita a finales de los '80, que recién este año fue revisada por la autora para su publicación.

Uno de sus protagonistas es Tristán (personajeque Gambaro ya introdujo anteriormente en «Dios no nos quiere contentos» y «Después del día de fiesta») y que aquí se ve enfrentado a un trágico final.

Tristán
es un joven indigente, de una orfandad desoladora, que a pesar de verse rodeado siempre de desdichas, conserva un alma pura abierta a toda esperanza. Si bien es una criatura menos torturada que las de Dostoievsky, ya que carece de todo modelo ético o religioso, hay algo en su manera de brindarse a los demás (aún tratándose de seres tan detestables como el tramposo Toñito) que muchos de sus actos terminan convertidos en el más ingenuo de los sacrificios. No por nada uno de los capítulos de la novela se titula «El príncipe idiota». La autora describe un mundo degradado, donde pululan seres de vida infrahumana que envilecidos por la miseria, el abandono y la falta de afecto desconocen toda regla o vínculo afectivo. Todos ellos van a tientas, como el irascible ciego al que Tristán se empeña en cuidar o como Maruja, otra desposeída que considera a sus hijos dos perfectos extraños. El fracaso de la ilusión los vuelve, en general, tristes o crueles, pero la prosa de Gambaro equilibra el «feísmo» de estas criaturas con imágenes muy elaboradas y reflexiones de exquisita lucidez. Son antológicas las páginas en las que describe el resentimiento de un perro frente al indeseado rol de lazarillo que le han impuesto.

«Promesas y desvaríos»
es una novela exigente y muy dura en sus contenidos, pero a pesar de su aspereza refleja una conmovedora humanidad.

Patricia Espinosa

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