24 de marzo 2003 - 00:00

Experiencia distinta en el ciclo Biodrama

«¡Sentate! Un zoostituto de Stefan Kaegi» Concepto y dirección: S. Kaegi. Asist. artística y dramaturgia: G. Naumann y A. Dávila. Int.: S.M. Romero, E. Santiago, M.L. Cisale, M. Fernández y A. Cáceres. Ilum.: M.A. Sendón y R. Sica. Esc.: O. Carballo. (Teatro Sarmiento.)

Stefan Kaegi se dio a conocer en la Argentina con «Torero Portero», una novedosa performance exhibida en el Festival del Mercosur de Córdoba, en la que auténticos encargados de edificio daban sus propios testimonios de vida en plena calle y ante un público que observaba desde una sala con vidriera al exterior. Avalado por su amplia experiencia en «ready-mades» teatrales, el joven director suizo alemán es una suerte de invitado-estrella en esta segunda temporada del Ciclo Biodrama. Sus teorías acerca del teatro y su interacción con la realidad coinciden ampliamente con las del ciclo ideado por la directora Vivi Tellas.

El montaje de ¡Sentate! involucró a cinco personas completamente ajenas al ámbito teatral y a sus respectivas mascotas (una perra, dos tortugas, catorce conejos y una iguana). Los participantes cuentan anécdotas, leen testimonios acerca de sus propias experiencias con animales, juegan y hablan con sus mascotas en escena y hasta comparten con el público diversos incidentes ocurridos durante el montaje de esta obra. A su representación escénica se suman varios inserts con extractos de documentales sobre fauna silvestre, fragmentos de la película «King Kong» y el simpático testimonio de dos especialistas en comportamiento y «psiquismo» animal.

El espectáculo ofrece una mirada de divertido extrañamiento ante al vínculo que los seres humanos suelen mantener con sus mascotas. Siempre al borde de la humorada, Kaegi reúne una gran cantidad de material sobre el tema, habilitando de paso una serie de preguntas ligadas a la teatralidad («¿Pueden las mascotas mentirles a sus dueños? ¿Pueden los humanos representar a sus mascotas?») de las que el espectador querrá hacerse cargo o no. También juega a hacer «Romeo y Julieta» con dos tortugas y disfraza a su elenco humano con trajes de gorila, león, tigre y oso. Estos recursos resultan algo infantiles lo mismo que los testimonios sobre la conducta de «Duhalde» y el «gordo peronista» (así se llaman dos de los conejos que circulan por la escena). «¡Sentate!» ofrece una mirada muy desprejuiciada e irónica frente a su objeto de investigación.

Como hecho teatral «¡Sentate!» no llega a cubrir del todo las expectativas que generó. La razón puede encontrarse en la excesiva duración del espectáculo, de una hora y media, que hace que los recursos utilizados en esta experiencia pierdan parte de su frescura y atractivo. Con un montaje más condensado y no tan extenso, el espectáculo podría comunicar sus contenidos con mayor contundencia y dinamismo sin correr el riesgo de aburrir a buena parte del público. De todas maneras, Kaegi sigue siendo fiel a su credo artístico. El no aspira al «gran arte», ni vende gato por liebre, sino a que sus espectáculos abran en el espectador nuevas preguntas y lo despeguen de preconceptos. Difícilmente su espectáculo esté destinado a subvertir los códigos teatrales, pero sí puede ofrecer al espectador una atractiva experiencia lúdica.

Uno de sus aspectos más interesantes, es el contraste que genera entre el concepto de animalidad en relación a las supuestas capacidades humanas. Los códigos de comunicación entre bestias y humanos y sus posibilidades de convivencia abren muchas dudas acerca de lo beneficiosa o no que ésta puede resultar para los animales. El teatro cambia de signo apenas los animales se adueñan de la escena, generando una casi permanente sensación de peligro y desborde. La tensión entre las convenciones teatrales y lo aleatorio de la conducta animal hacen de este espectáculo una experiencia única que vale la pena intentar.

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