5 de septiembre 2006 - 00:00

Expotrastiendas dará lugar a la arquitectura

La sexta edición de «Expotrastiendas», dedicada al arte de los 50, reservará un lugar importante a dibujos de arquitectos.
La sexta edición de «Expotrastiendas», dedicada al arte de los 50, reservará un lugar importante a dibujos de arquitectos.
Mañana, en La Cabaña, se anunciará el lanzamiento de la sexta edición de Expotrastiendas con el auspicio de la Asociación Argentina de Galerías de Arte. La Feria se inaugurará el 26 de setiembre y permanecerá abierta de 13 a 22 hasta el 2 de octubre en el Centro de Exposiciones de la ciudad de Buenos Aires, en las avenidas Figueroa Alcorta y Pueyrredón. Colaboran con la institución Alfredo Cattaldo y Osvaldo Centoira.

La directora de la Feria es Pelusa Borthwick y el Comité de Honor está integrado por Graciela Borges, Charlie Espartaco, Magdalena Faillace, Norberto Frigerio, Ignacio Loprandi, Dominique Sanda y Clorindo Testa. El Homenaje y muestra institucional de este año es «Tendencias de la década del 50», con obras de importantes artistas como Alfredo Portillos, Josefina Robirosa, Kasuya Sakai y Luis Wells.

En la entrada principal está previsto un programa internacional de performances y, como el año pasado, se presentará una sección de arquitectura. «Mi experiencia es que cuanto más estudiamos el arte menos nos interesa la naturaleza. Lo que el arte nos revela realmente es la ausencia de un diseño en la naturaleza, su curiosa falta de refinamiento, su extraordinaria monotonía, su absoluta condición de cosa no acabada», sostuvo el escritor irlandés que abarcó todos los géneros literarios, Oscar Wilde. Por eso, para él «los buenos arquitectos son artistas».

Con ese título el CAYC (Centro de Arte y Comunicación) ha organizado una muestra de dibujos de veinte reconocidos arquitectos. «Si el arquitecto no abarca la vida cotidiana, desde el utensilio más pequeño hasta el planeamiento de las ciudades; si no trabaja para todos, desde el noble hasta el obrero, no será arquitecto», esta frase pertenece a Claude-Nicolas Ledoux (1736-1806), excepcional dibujante y arquitecto visionario francés.

Fue Horacio quien sostuvo que la pintura es como la poesía. Sin embargo, el dibujo no es «como»: es la poesía. El dibujo desnuda su función poética por el simple hecho de presentarse con su multiplicidad de posibilidades y su total ausencia de limitaciones. Con esa carga llega el dibujo a la mesa del arquitecto.

Varios elementos concurrieron a la emancipación de esta técnica: el uso del papel, que se generaliza a comienzos del siglo XV (en sustitución de la tablilla de cera y el pergamino); el empleo de instrumentos como el carboncillo, la sanguina y la tiza, que acrecientan las posibilidades gráficas del dibujo, sumándose a la pluma (animal o vegetal) y a las puntas de plata y de plomo; la mejora de las tintas; y el recurso de la aguada más la utilización de pinceles.

La independencia del dibujo, que irradió desde la Toscana hacia Italia y toda Europa, se desenvolvió a lo largo del XVI, hasta el punto de que llegó a ser considerado el fundamento de las artes visuales y la arquitectura: Leonardo le asignó un lugar esencial en la obra pictórica, como «medio de conocimiento». Se adoptó la práctica de anunciar, en sucesivos y detallados bosquejos, el óleo que iba a ser pintado y el edificio se planeaba construir.

Estas etapas -cuatro, por lo menos- devinieron en un proceso regular, a menudo contractual, iniciado cuando el cliente encargaba el retrato o el palacio. Fue Antonio Pisano (Pisanello) quien en la primera mitad del XV le otorgó una nueva dimensión al dibujo al observar la Naturaleza con un ojo atento y transcribirla con una mano sensible, inspirado tal vez en las tapicerías de su tiempo, especialmente las de Italia del Norte y Francia.

Acaso influyó en Leonardo si, como se cree, el artista florentino tuvo oportunidad de revisar el codex Vallardi (hoy en el Museo de Louvre), donde están reunidos tantos croquis y dibujos de Pisano. Lo cierto es que el paisaje natural, en Occidente como en Oriente, comenzó a existir por medio del dibujo, ya que las tapicerías eran poco menos que inaccesibles. Si es verdad que los retratos, las caricaturas, los bocetos y las ilustraciones anatómicas contribuyeron a la emancipación del dibujo, también es cierto que la arquitectura hizo un aporte esencial, aun cuando no se haya propuesto entrar directamente en el terreno del dibujo.

Sin embargo, creó un arte propio, el de la representación arquitectónica, que, desde luego, no se limitó a los planos sino que alcanzó a la creación como obra de arte. Estas ideas se vieron afirmadas en el XVII y el XVIII, gracias a una práctica cuantitativa y cualitativa que, con el talento creador y la pericia técnica de los artistas, puso en evidencia una gran variedad de formas y expresiones gráficas.

El significado primario de dibujo es representación. Pero para la arquitectura, se ha tomado la palabra diseño (del latín designare: marcar, trazar, indicar, señalar). Desde el punto de vista sociocultural, la representación es el sistema o conjunto de manifestaciones por cuyo intermedio una sociedad -a través de las imágenes y los símbolos que crea-, desarrolla sus modos de vivir y pensar, su concepción del mundo, sus creencias y valores.

La atinada y justa valoración del dibujo concierne al arquitecto, cuyos diseños libran esa interminable batalla entre la tradición y la invención, el orden y la aventura; y atañe al dibujo, fabuloso instrumento de representación. La importancia del dibujo ha sido siempre reivindicada por Oscar Soler, que señaló: «Nosotros los arquitectos vivimos hablando de silencios, fondos y figuras, de acentos y gestos, de la idea de espacio, de la luz y la sombra. Eso es lo que nos interesa. Ese es nuestro vocabulario», ha dicho Soler.

El obligado racionalista que hay en todo arquitecto cede en Miguel Baudizzone al voluntario sensibilizador que hay en todo artista. Sus imágenes intraducibles y alucinantes son de otro mundo. Los ejes de sus obras siguen siendo los deseos, las fantasías y las obsesiones, que representa a la manera de un divertimento en torno a situaciones oníricas y en las que las máscaras se constituyen en un escenario de fondo, un factor simbólico recurrente en sus propuestas que tienen reminiscencias expresionistas.

También se expondrán dibujos de Emilio Rivoira integrante del estudio Hampton Rivoira. Participará el estudio Grinberg, Dwek, Iglesias, cuya orientación hemos definido «arquitectura espacial», ya que su gran aporte consiste en la creación de espacios continuos útiles y armónicos que han sido elegidos para la traza subterránea del Ferrocarril Sarmiento (entre Once y Liniers). Operan sus diseños desde el interior y los muros exteriores son un continente que se corresponde con ellos, los prolonga, los abre y los transforma en una función espacial creativa y trascendente.

Se incluyen dibujos del estudio cordobés Gramática, Guerrero, Morini, Pisani, Urtubey que desde que iniciaron su actuación profesional en arquitectura y diseño urbano, en 1967, han constituido un equipo multifacético, con una trayectoria que cubre todas las escalas en tamaño, complejidad y buen diseño.

«En el caso nuestro como arquitectos proyectistas» -ha señalado Morini. «Creemos que el eje del diseño pasa a través de la proposición de ideas (...). Las ideas le conceden a todo el proceso un soporte estructural que nos permite ordenar el conjunto.» Se verán también trabajos del estudio Bodas, Miani, Anger cuyas obras aportan una singular fisonomía al desenvolvimiento de la ciudad. Finalmente, entre los veintiún participantes Federico Aja Espil expondrá una arquitectura minimalista que se caracteriza por el propósito de «hacer ciudad» y emplazar sus obras sin romper con el entorno urbano.

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