25 de mayo 2005 - 00:00

Fanego, multiplicado en teatro

Daniel Fanegovolvió a dirigirteatro(«Cumbia,morena,cumbia») einterpretarátambién «Unapasiónsudamericana»de RicardoMonti.
Daniel Fanego volvió a dirigir teatro («Cumbia, morena, cumbia») e interpretará también «Una pasión sudamericana» de Ricardo Monti.
Alejado de la TV, Daniel Fanego aprovechó el inesperado impasse para volver a los escenarios. Hace algunas semanas dio a conocer una nueva versión de «Cumbia, morena, cumbia» de Mauricio Kartún, dirigida por él y protagonizada por Leandro Lambertucci y Javier Sintiolo, en el teatro «Gargantúa». Pero además Fanego inició los ensayos de «Una pasión sudamericana» de Ricardo Monti, con la que debutará en septiembre en el teatro Cervantes, bajo la dirección de Ana Alvarado.

Periodista
: ¿Usted va interpretar a Rosas en «Una pasión sudamericana»?

Daniel Fanego: No es exactamente Rosas. Monti no quiere que acentuemos tanto lo histórico, prefiere que visualicemos al personaje del brigadier como una especie de demiurgo, el creador de un mundo en un estado medio místico.


P.:
Es un personaje bastante desbocado.

D.F.:Ah sí, tiene textos muy poéticos pero de una gran locura. (recita) «Que yo un valiente represente a la cobardía general para que las madres dejen tranquilas ir a sus hijas a misa sin el temor de que un cura les salga con la pija en la mano detrás del altar». Y en otro momento dice: «Aquí no se pelea como en un Europa, aquí Dios no terminó de soplar la creación está en el horno». ¿No es una maravilla?


P.:
¿Es o no es Rosas?

D.F.: Es un caudillo muy poderoso que tiene lo negativo del poder, pero la suya es una pasión sudamericana, no se lo puede mirar con un solo ojo. Para acercarme a ese mundo tengo que leer «El farmer» de Andrés Rivera y otros libros sobre Rosas, pero también tengo que leer «El corazón de las tinieblas» de Conrad. La mirada de la directora está puesta en un lugar más complejo y con menos respuestas que trasciende la realidad histórica. No la vamos a hacer tan fácil. Eso de que el brigadier sea Rosas o presentarlo como un ser negativo que sólo quiere fusilar a los chicos. No es una bestia que se enfrenta a la civilización. Una obra con un personaje así no sería interesante, sería como cualquier novelón berreta.


P.:
Usted empezó muy bien con «Roberto Zucco». ¿Por qué no dirige más seguido?

D.F.: Lo peor que me puede pasar es que me vaya bien con algo, me aterrorizo. Después de «Roberto Zucco» pasaron varios años hasta que dirigí dos obras de Patricia Zangaro (« Náuseas» y «Variaciones en blue») en un ciclo de teatro breve. Más recientemente dirigí una tercera obra suya, «A propósito de la duda» dentro del ciclo «Teatro x la identidad».


P.:
¿Qué lo decidió a estrenar ahora «Cumbia, morena, cumbia»?

D.F.: Surgió de mi taller de actuación y a todos nos pareció que valía la pena mostrar este trabajo. Yo empecé a dar clases hace 4 años, en medio de una encrucijada propia del oficio. Estaba un poco sin trabajo, un poco sin rumbo, mirando a todos lados para ver hacía donde iba la cosa. Me fui a España, volví y lo primero que me sacó de mi casa fueron las clases de teatro.


P.:
¿De qué trata la obra de Kartún?

D.F.: Son dos sujetos, a lo largo de 20 años, esperando la llegada de unas minas en un boliche de cumbia. Están rodeados de agua porque hay una tormenta terrible. Es un mundo húmedo, casi intrauterino. Willy y Rulo están ligados por una situación muy simbiótica y paralizante, siempre esperando algo que no vendrá. La obra es una estupenda muestra de grotesco contemporáneo con su mezcla de humor y patetismo. Es también una metáfora de la sociedad argentina. Yo la asocio con esa conducta negadora y aferrada a ciertas obsesiones que nos domina. En este caso es la cumbia lo que sirve de autoengaño para ocultar lo inocultable y seguir sosteniendo un estado de cosas ficticio.


Entrevista de Patricia Espinosa

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