A los 77 años, con una voz que todavía responde, Ibrahim Ferrer fue seguido por un público fiel aunque no llenó Obras.
Presentación de «Buenos hermanos». Actuación de Ibrahim Ferrer. Con A. Ramos y D. Muñiz (trombones), G. Mirabal y Y. Muñiz ( trompetas). (Estadio Obras, 24 de junio.)
Cuando la industria de la música sintió que estaban algo agotados los caminos por los que venía transitando -fundamentalmente, los del rock y el pop-salió en busca de nuevos sonidos. Y los fue encontrando en eso que bautizarían, en una generalización insostenible, como «world music».
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Entonces, artistas valiosos e injustamente olvidados -como, por ejemplo, Chavela Vargas o Cesaria Evora-salieron a la luz internacional. Y en ese movimiento cayó también el gran negocio que armó el norteamericano Ry Cooder trayendo a la consideración de grandes mayorías consumidoras de los países más poderosos al grupo que agrupó bajo el rótulo comercial de Buena Vista Social Club.
Disco y película mediantes, convirtió así a músicos y cantantes como Omara Portuondo, Ibrahim Ferrer, Compay Segundo o Rubén González, entre muchos otros, en estrellas planetarias. La Argentina no quedó fuera del fenómeno.
Aunque nadie pudo ver nunca -salvo norteamericanos y europeos-a todo el staff Buena Vista completo. Muertos Compay y el genial pianista González, el que volvió a pasar ahora por nuestro país fue el cantante Ibrahim Ferrer, uno de los más jóvenes -77 años-y, sin dudas, la voz emblemática de esa troupe.
No defraudó a nadie, aunque hubo menos canciones de las conocidas a través del disco presentación que las que hubiera deseado el público -que no alcanzó para llenar Obras pero que concurrió en buena cantidad-. Ferrer dejó mucho espacio para el show internacional -por momentos, lo suyo no se diferenciaba de lo que suelen hacer otros cubanos residentes en los Estados Unidos-.
La orquesta, numerosa y profesional, por momentos con exhibición de virtuosismo y reiteradamente presentada con la marca Buena Vista ideada por Cooder, ocupó un papel central. El cantante pasó del son al bolero y permitió saber que su garganta todavía responde sobradamente. Y no se privó de presentar en el escenario a una larga lista de parientes -hijos y nietos- que viven en la Argentina.
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