San Sebastián: Argentina compite con "Akelarre"

Espectáculos

La muestra del país vasco se iniciará el 18 de septiembre y se propone ser presencial. La inaugura Woody Allen con su película "Rifkin's Festival".

“Akelarre”, coproducción vasco-franco-argentina de Pablo Agüero (“Eva no duerme”), ha sido seleccionada para competir en la Sección Oficial del Festival Internacional de San Sebastián, que se realizará en setiembre próximo de modo mayormente presencial. La película ya tiene fecha de estreno en toda España: será inmediatamente después del Festival, el 2 de octubre. Su asunto se inspira en la caza de brujas de 1609, que llevó a la hoguera a decenas de mujeres, niños y hasta sacerdotes que salieron a defenderlos, en tierra vasco-francesa lindante con la española.

Según resume “La Velleta Verda”, dos poderosas familias se disputaban la región de Lapurdi acusándose mutuamente de graves felonías. Alguien logró que el rey de Francia enviara un mediador, el juez Pierre de Arostegui de Lancre, pero el remedio fue peor que la enfermedad. Aprovechando que la mayoría de los hombres de la zona eran marineros que se iban durante meses a Terranova, de Lancre decidió arrestar a casi toda la población que quedaba en tierra, tanto mujeres como judíos y moros emigrados. Según él, cerca de 3.000 lugareños eran brujos, incluso algunos curas, porque jugaban a la pelota vasca y se llevaban bien con la gente.

De entrada mandó a tres curas al cadalso. El obispo de Bayona lo desautorizó y lo mandó llamar, pero él resistió la orden. Por suerte justo terminó la época de pesca y más de 5.000 marineros volvieron a casa, se encontraron con sus mujeres presas y armaron una rebelión popular en San Juan de Luz, logrando rescatarlas. Dañino hasta lo último, de Lancre escapó llevando consigo a varios presos, escribió la “Tabla de la inconstancia de los ángeles malos y demonios” y otros textos, donde asegura que vio brujas volando y que el euskera, la lengua vasca, es una invención del Demonio, y se acomodó en un cargo anodino: enésimo consejero del rey (ese libro tiene una reciente edición en castellano).

En “Akelarre”, de Lancre está a cargo del catalán Axel Brendemühl, el médico nazi de “Wakolda”. También actúa Daniel Fanego, que encarnó al general Aramburu en “Eva no duerme”. Como víctimas inocentes y heroínas actúan Amaia Aberasturi y un puñado de jóvenes veinteañeras. De hecho, se trata de una versión libre, preparada para los tiempos modernos. La sinopsis de la productora comienza diciendo “Los hombres de la región se han ido a la mar. Ana participa en una fiesta en el bosque con otras chicas de la aldea”, y anuncia la película como “drama histórico con una mirada contemporánea femenina”, que “se aproxima a la figura de la mujer desde una perspectiva política reivindicativa y actual”, para lo cual “acentúa el contraste entre la oscuridad que envuelve a los inquisidores y la luminosidad de las chicas acusadas”.

“Buscaba que una película tan lóbrega fuera sin embargo luminosa”, dice Agüero. En eso lo ayuda el director de fotografía Javier Aguirre, uno de los cinco Premios Goya del equipo técnico (los otros son Mikel Serrano, director de arte, Teresa Font, montaje, Urko Garai, sonido y Jon Serrano, efectos especiales), haciendo lucir los paisajes de Laga, Itziar (País Vasco), Urbasa, Lesaka (Navarra) y Sara (Aquitania).

Agüero, coautor del guión con la francesa Katell Guillou, afirma que este proyecto “nació de un sentimiento de justicia”. Según él, casi todas las obras anteriores sobre caza de brujas “perpetúan los clichés misóginos impuestos por la Inquisición, sugiriendo que en el origen de los juicios y condenas habría verdaderos actos de brujería”. Pero después que leyó “La bruja”, de Jules Michelet, imaginativo historiador antimonárquico y anticlerical, “descubrí un camino posible para reivindicar a esas mujeres libres e independientes que el sistema represivo de la monarquía clerical condenó injustamente a la hoguera y al olvido”, y “mostrar cómo un juez inducía a sus prisioneras a encarnar sus propios fantasmas de hombre”.

Para memoriosos: Pedro Olea ya hizo una película llamada “Akelarre”, 1984, vagamente inspirada en un proceso real que hubo en Araitz, 1565, pero le dio final feliz: Silvia Munt era rescatada por los campesinos enfrentados al señor feudal, el uruguayo Walter Vidarte.

¿Pero cuándo terminaron esas cazas de brujas? En 1610, solo un año después de los sucesos de Lapurdi, ocurrieron los juicios de Logroño y de Zugarramurdi. En éste quemaron a más de 20 hombres y mujeres, y otros tantos murieron a causa de los interrogatorios. Pero ese mismo 1610 el humanista Pedro de Valencia criticó públicamente muchos métodos de la Inquisición por falta de garantías jurídicas, y aconsejó a los jueces una mirada menos odiosa. Para él, en los aquelarres “no había nada de maravilloso, lo que hizo inventar aquellas juntas y misterios fue solamente el deseo de cometer fornicaciones, adulterios y sodomías”. Ahí “el mayor bellaco se fingía Satanás” y el resto era producto de enfermos mentales, ungüentos tóxicos, tentadores banquetes y resabios paganos. Atento a estas palabras, en 1611 el inquisidor Alonso de Salazar y Frías llegó a Logroño con un edicto de gracia, y, tras algunos careos y varios experimentos con supuestos venenos y otras fantasías, en 1613 liberó a la mayoría de los presos. El 31 de agosto de 1614 la Inquisición publicó una instrucción en la línea de lo demostrado y aconsejado por Salazar, y a partir de ahí ya no hubo ningún otro juicio por brujería. Así España fue el primer país que abandonó esas prácticas en Europa. Quedaron, apenas, los maltratos de algunos alcaldes contra los curanderos, y las “eperlandas” paganas de las brujas vascas. Pero esa es otra historia.

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