24 de marzo 2003 - 00:00
Filmar la favela, pero desde dentro
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Fernando Meirelles y un actor
Periodista: ¿Cómo surgió esta historia?
Fernando Meirelles: Me basé inicialmente en la versión novelada de los hechos que hizo Paolo Lins, un morador del lugar que realmente sabe lo que dice. Quería hacer algo con ese mismo punto de vista, no algo desde afuera. Filmar allí mismo o en un lugar parecido, y que los intérpretes fueran los mismos habitantes. Nadie mejor que ellos, en este caso. Por eso hicimos todo un taller actoral para la gente de las favelas, y al cabo de varios meses elegimos a los más interesantes. Para filmar, sin embargo, debía autorizarnos el jefe del barrio. Los jefes son un verdadero poder paralelo, que se ven a sí mismos como héroes que ayudan a su comunidad. Proveen trabajo, remedios, internaciones, becas, imponen justicia a su manera, prácticamente reemplazan al Estado en su zona. Tienen normas estrictas. Por ejemplo, dentro de la favela nadie delinque. Los moradores dejan la puerta abierta sin problemas.
P.: Son mejores que un puntero político.
F.M.: Al que nos interesaba le mandamos el guión a la cárcel donde estaba, y lo devolvió recomendando simplemente que no lo hiciéramos a la americana, no pusiéramos a los narcos como héroes, y contratáramos la mayor cantidad posible de habitantes. Tras un acuerdo de palabra, pudimos filmar y hasta dejar los equipos sin problema, gozando de la mayor colaboración del barrio.
F.M.: El personaje principal no murió el mismo día de la batalla que acá mostramos, sino tres años después, pero de un modo parecido. Y el chico trabajador que aparece como su antítesis, en realidad es blanco, carilindo, pero nos pareció incómodo que justo el bueno de la película fuera blanco y lindo, y elegimos otro muchacho negro.
P.: ¿Y en cuanto al libro?
F.M.: Era bien detallista. Contaba la vida de 250 personajes, cada uno desde su nacimiento hasta su muerte. Nos concentramos en 12, así que quedaron 238 afuera.Y armamos una estructura en tres partes, desde los anos '60 a los '80, cada una con su propio estilo estético y narrativo, de acuerdo al creciente dramatismo de cada época. Quería que poco a poco se fuera imponiendo una sensación de descontrol, de montaña rusa en todo sentido, no por hacer cine moderno, sino para que el espectador sintiera mejor lo que ha ido cambiando. Otra cosa: algunos nos asocian con Quentin Tarantino, a causa de ciertos recursos narrativos. Pero él los usa como un juego para shockear al espectador, y yo los uso para acompañar al espectador, que no se pierda entre tantas cosas que pasan.
P.: Usted ha dicho que no ve películas de acción. Sin embargo, acá muestra una mano muy hábil para el genero.
F.M.: No me interesan. Busco mejor «Pixote, la ley del más débil» y «Lucio Flavio, pasajero de la agonía», ambas de Héctor Babenco. Pero además creo que «Ciudad...» no es de acción. Tiene escenas, pero enfoca otra cosa. Por ejemplo, procuro esconder cosas que un director a la americana subrayaría: escenas de la guerra de narcos, la violación, el alcahuete matando a su mujer, la masacre del motel...
P.: Pero muestra algo todavía peor, donde un niño es obligado a matar a otro.
F.M.: Fue un hecho real, que el propio Paolo Lins presenció cuando niño.Yo lo incluyo porque es importante que la gente vea como los narcos forman a los chicos. Para rodar, Fatima Toledo (la misma directora de niños de «Pixote») trabajo una semana con el grupo de pequeños actores. Todo bien, ellos lo tomaron sin traumas, como una actuación. Además, todos los niños actores tenían familias contenedoras. En la favela todos tienen familia, y hasta los narcos al fin del día vuelven a casa con su madre. Salvo, los más pequeños delincuentes. Es terrible como los jefes son cada vez mas jóvenes, y por tanto más salvajes, y mueren cada vez más jóvenes. En ese sentido, creo que nadie que vea la película saldrá soñando con ser delincuente. Se mueren todos.
F.M.: En una americana sería una gallina digital. Nosotros, primitivos, corrimos una verdadera, cámara en mano. Pero eso de pasar bajo el auto no estaba previsto. Es coherente. A los actores nunca les dimos un guión, simplemente les decíamos el sentido de la escena y ellos improvisaban de acuerdo con su propia experiencia. Lo mismo hizo la gallina, muy colaboradora.
P.: ¿Qué fue de toda esa gente, después del rodaje?
F.M.: El actor principal, que quería ser militar y entró al taller por casualidad, ahora es actor de teatro y estudia fotografía. Con todos quedamos muy amigos, al punto que ahora seguimos con un taller de cine y video, «Nos do Cinema», donde ya están haciendo cosas muy lindas. Cuando los conocí, pensé que sería una experiencia muy triste. Al revés. La gente de la favela es muy violenta, cierto, pero también es muy divertida.
P.: Su película quedó fuera de las candidaturas al Oscar. ¿Decepcionado?
F.M.: Los de Miramax ya me venían preparando. Decían que los electores de mejor film extranjero se iban a mitad del film, porque les parecía muy complejo y violento.Yo entiendo, su promedio de edad es de 68 años. Tampoco Gilles Jacob, el director general de Cannes, aceptó ponerla en competencia.
P.: Debió poner el héroe blanco carilindo. Ultima pregunta: ¿eso que dice un personaje, que las mujeres periodistas son malas en la cama, lo puso por alguna experiencia personal?
F.M.: Ja. Sabía que cierto sector de la crítica me iba a pegar, y ataqué primero. ¿Si es cierto? No sé, el film es realista.


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