«Te digo más» de R. Fontanarrosa. Adap. y dir.: Pablo Brichta. Int.: P. Brichta y M. Vicente. Esc.: J. Daona. Dis. de luces: J. Merzari. Mús.: E. Rudnitzky. (La Trastienda.)
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Pipo y Huguito son dos figuras familiares para el público porteño, que los ha visto discutir y fantasear a sus anchas en tres espectáculos anteriores («El mundo vive equivocado», «Uno nunca sabe» y «La mesa de los galanes»), basados en cuentos del humorista y escritor rosarino Roberto Fontanarrosa. Estos personajes urbanos responden al estereotipo del argentino machista y fabulador que cree dominar el mundo con su viveza e imaginación, mientras que internamente lo carcome una vaga sensación de fracaso e inseguridad. Pipo y Huguito cargan con los mitos y prejuicios de generaciones anteriores, pero ese anacronismo es, en cierta forma, reflejo de su propia indefensión ante el mundo. Por eso sus exabruptos son recibidos con simpatía y hasta con ternura, tratándose de dos perdedores. Ambos se presentan como un verdadero par de opuestos. Pipo es un hombre inseguro y de muy pocas luces, que mantiene con su madre una relación casi simbiótica. Huguito, en cambio, ostenta un perfil ganador y se jacta de conocer todas las estrategias de seducción para «ganarse una mina».
El barrio los ha reunido y ellos dejan que esa amistad perdure, por inercia o acostumbramiento, en la mesa de un café. Es el viejo «cafetín», idealizado por el tango, que recupera aquí sus viejas cualidades de antaño, como punto de encuentro entre varones y como centro de aprendizaje de una supuesta filosofía de vida. Quizás por eso, los que más parecen disfrutar del espectáculo son los varones de 50 años para arriba. El resto del público disfruta de la pasmosa ingenuidad de Pipo ( Manuel Vicente) y de la juguetona fanfarronería de Huguito ( Pablo Brichta), quien por momentos se adueña del espectáculo, sobre todo cuando fabula para su amigo una hipótetica conquista femenina en un lujoso hotel del Caribe.
Esta es la cuarta experiencia de Brichta como adaptador y puestista de textos de Fontanarrosa, una fórmula que le ha permitido dominar con precisión a un personaje rico en contradicciones. En cambio, su trabajo de dirección resulta algo estático y demasiado sujeto a la efectividad de algunos chistes y a la gracia coloquial del texto, hoy bastante desgastada por la apropiación que el costumbrismo televisivo ha hecho del lenguaje y de los personajes de barrio.
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